(Bloomberg) — Estados Unidos se coronó de nuevo como la economía del mundo en 2024, impulsada por el gasto imparable del consumidor estadounidense que lo ayudó a distanciarse de China por tercer año consecutivo, al menos en una medida.
El producto interno bruto estadounidense repuntó un 5,3% el año pasado antes de ajustar la inflación, según datos de la Oficina de Análisis Económico publicados el jueves. En comparación, el crecimiento del PIB nominal de China se ubicó en el 4,2%, informó la Oficina Nacional de Estadísticas del país hace dos semanas.
Los contrastantes desafíos que ambos países han enfrentado con los precios en los últimos años ayudan a explicar la creciente brecha entre sus niveles de PIB. Las cifras de EE.UU. se ven favorecidas por las elevadas tasas de inflación que impulsaron el endurecimiento de política monetaria récord de la Reserva Federal en 2022 y 2023. Por el contrario, China ha estado luchando contra la deflación, su llamado deflactor del PIB ha indicado una caída de precios desde mediados de 2023.
Los tamaños relativos de las economías se pueden medir de diversas maneras. Ajustando la inflación, China siguió expandiéndose a un ritmo más rápido, con un aumento del PIB real del 5%, en comparación con el 2,8% para EE.UU. Pero las cifras nominales suelen considerarse más relevantes para cuestiones como los ingresos corporativos y gubernamentales y los flujos comerciales.
Por lo general, las naciones menos desarrolladas como China mantienen tasas de crecimiento económico más rápidas a medida que se ponen al día con sus rivales avanzados. El PIB per cápita de China fue de US$12.614 en 2023, el último año para el que el Banco Mundial tiene datos comparativos. Por su parte, en EE.UU., fue de US$82.769, lo que pone de relieve el enorme potencial de recuperación del número dos del mundo. Sin embargo, las autoridades chinas han tenido dificultades para contener una caída masiva del mercado inmobiliario, junto con una menor confianza de los consumidores.
“La economía china se encuentra en medio de una transición dolorosa, pero necesaria, del cemento al silicio como principal motor del crecimiento”, dijo Tom Orlik, economista jefe de Bloomberg Economics y observador de China desde hace mucho tiempo. “EE.UU. sigue teniendo un desempeño superior y, en términos nominales, su tasa de crecimiento se ha visto impulsada por una inflación superior a la meta. La carrera por el primer lugar en términos de PIB del mundo aún continúa. Por ahora, EE.UU. está ampliando su ventaja”.
El año pasado, EE.UU. también demostró su excepcionalidad frente a sus pares del mundo desarrollado. La publicación del PIB del jueves se produjo horas después de que tanto Francia como Alemania informaran sus contracciones durante los últimos tres meses de 2024.
El gasto de los consumidores fue el principal motor del crecimiento de EE.UU. el año pasado, impulsado por los aumentos salariales y el aumento del empleo. Las nóminas estadounidenses aumentaron en más de 2,2 millones el año pasado, mientras que los ingresos medios por hora aumentaron un 1% en diciembre respecto del año anterior, tras ajustar la inflación.
Disparidad comercial
El consumo estadounidense también ha atraído un volumen cada vez mayor de importaciones, lo que ha ampliado el déficit comercial, políticamente sensible. El déficit comercial de mercancías alcanzó casi US$1,1 billones entre enero y noviembre del año pasado, mientras que las cifras preliminares para diciembre publicadas el miércoles mostraron un déficit mensual sin precedentes de US$122.000 millones.
China ha sido uno de los beneficiarios, con un aumento de las importaciones estadounidenses de su rival geopolítico del 2,2% entre enero y noviembre. Los propios datos de China mostraron que la mayor nación manufacturera del mundo acumuló un superávit comercial récord de alrededor de US$992.000 millones en 2024. Aunque el presidente Xi Jinping ha prometido en repetidas ocasiones aumentar las importaciones de su país, la débil demanda interna ha hecho que ésta sea una tarea difícil.
Cómo se perfilará el año 2025 es una pregunta importante tanto para los economistas como para los responsables de las políticas globales, en especial con el recién instalado presidente Donald Trump amenazando con imponer aranceles a los socios comerciales de Estados Unidos.
