(Investigaciones económicas Grupo Cibest).- El día de ayer (8 de abril) S&P emitió un concepto sobre la calificación soberana de Colombia, bajo el cual redujo el rating en un escalón y estabilizó la perspectiva. En particular, la agencia disminuyó la calificación de los bonos soberanos de largo plazo denominados en moneda extranjera de BB a BB- y modificó la perspectiva de negativa a estable. Este movimiento se da cuatro meses después de la rebaja que comunicó Fitch en diciembre y bajo la cual la calificación pasó de BB+ a BB con perspectiva estable.
Las razones de la rebaja estuvieron concentradas en los persistentes desequilibrios fiscales, resultantes de una limitada flexibilidad fiscal, una elevada deuda en relación con el PIB y un crecimiento económico moderado. En particular, la calificadora proyecta un desbalance de 5,6% del PIB en 2026, ligeramente superior al 5,1% revelado en el Plan Financiero por el MinHacienda, pero aún por debajo de nuestra expectativa de 7,0% del PIB. En adelante, proyectan una convergencia paulatina, por lo que en el 2029 Colombia seguiría exhibiendo un déficit cercano al 4,6% del PIB.
Los amplios desbalances fiscales podrían impulsar la deuda a niveles superiores al 60% durante los próximos cuatro años. Al respecto, S&P prevé una deuda neta de 62,8% del PIB en 2026 y una convergencia a niveles de 66,2% en 2029. Estos registros serían los máximos observados para Colombia en el siglo XXI y confirman que, más allá de las operaciones de la Dirección de Crédito Público, la senda futura de la deuda estará supeditada a las medidas fiscales que logre ejecutar el siguiente Gobierno.
Uno de los agravantes descansa en la falta de ajustes fiscales significativos y un manejo de la política fiscal que se ha tornado cada vez más procíclico y menos predecible. La suspensión de la Regla Fiscal desde el año pasado ha erosionado las expectativas de un ajuste fiscal contundente que retorne la deuda neta a niveles cercanos al 55% durante los próximos años. Además, el desafiante entorno político ha impedido reformas estructurales que permitan equiparar el ritmo de avance del gasto público con mayores ingresos tributarios.
Finalmente, la debilidad en el crecimiento económico de largo plazo puede ser un riesgo creciente para los ingresos fiscales. Las proyecciones de crecimiento del PIB apuntan a un avance promedio de apenas 2,8% entre el 2026 y el 2030, muy por debajo de los ritmos prepandemia cercanos al 3,5%. La debilidad en el desempeño económico estará supeditada a la tasa de inversión, cuyos niveles en los años más recientes han tocado mínimos alrededor del 17% del PIB.
Las implicaciones de la rebaja: Más riesgo, mayor costo
Por un lado, en términos de activos, buena parte del efecto ya ha sido descontado por los mercados de TES y prima de riesgo. Los rendimientos del belly y la parte larga de la curva de TES tasa fija han exhibido una desvalorización de más de 49 puntos básicos (pb) en promedio, en línea con el deterioro del panorama fiscal y la incertidumbre sobre el manejo de política económica. De hecho, nuestro análisis sugiere que el yield del TES a 10 años cercano al 12,8% es consistente con el rating soberano de BB-, por lo que no habría mucho espacio adicional de desvalorización. A su vez, los CDS a 5 años se han estabilizado por encima de los 210 pb, muy por encima de Chile, Perú, México y Brasil.
Ahora bien, resaltamos que la economía corre el riesgo de entrar en un espiral de deterioro fiscal, caracterizado por mayores costos de financiamiento y un menor crecimiento económico. En el grupo de calificación BB- se encuentran países como Turquía, cuya estabilidad macroeconómica ha estado minada por decisiones poco técnicas en términos fiscales y monetarios. Por ende, salvaguardar la independencia del Banco de la República y apelar a medidas contundentes de consolidación fiscal son condiciones sine qua non para allanar el camino hacia una recuperación sostenible de la calificación crediticia para Colombia.
