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Bolivia apuesta por el turismo para reactivar su economía

Por Economista Colombia 7 min de lectura
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(Bloomberg) — Bolivia ha sido una potencia minera desde la época colonial y, tiempo después, se convirtió en un exportador importante de gas natural. Ahora que emerge de dos décadas de régimen socialista, esta nación andina quiere convertirse en un destino turístico.

El nuevo gobierno espera que la variada geografía del país, su rica historia y profundidad cultural le ayuden a atraer a viajeros extranjeros y, de la mano, los dólares que la decaída economía boliviana necesita urgentemente.

Sus paisajes ofrecen desde altas montañas nevadas hasta exuberantes selvas tropicales con gran biodiversidad. Hay asentamientos incas, pueblos de misiones jesuitas y una ciudad que en su día fue conocida como la capital mundial de la plata y que aún alberga una mina activa de 500 años de antigüedad. Y, por supuesto, está el Salar de Uyuni, una enorme planicie salina hogar de uno de los mayores depósitos de litio del mundo.

El desarrollo de estos recursos será clave para la prosperidad futura del país. Pero convertirse en un actor del mercado de metales para baterías es un proyecto a largo plazo, por lo que la administración del presidente Rodrigo Paz espera que la industria turística pueda dar paso a una solución más rápida.

El año pasado, Bolivia registró 1,1 millones de visitantes extranjeros y recaudó US$854 millones en ingresos por turismo, lo que representa algo menos del 5% del producto interno bruto. Tras dar el primer paso de elevar el turismo a categoría de ministerio de pleno derecho, el gobierno de Paz se ha fijado como objetivo alcanzar los 2,6 millones de visitantes y los US$3.000 millones en ingresos para 2030, con un aumento de la contribución del sector a la producción económica total al 7%.

Janette Simbron, que dirige la empresa de turismo de lujo Bolivia Milenaria y cuenta con más de 30 años de experiencia en el sector, afirmó que es el momento adecuado para que el gobierno aproveche por fin el potencial del turismo.

“La riqueza natural está aquí, tenemos los recursos naturales, las atracciones y el icónico Salar de Uyuni”, dijo. “Sin embargo, si no creamos las condiciones ideales podemos terminar matando a la gallina de los huevos de oro”.

Será necesario ampliar y mejorar la infraestructura hotelera y de transporte terrestre. Pero el sector aéreo representa el mayor desafío, ya que Bolivia sigue siendo uno de los destinos latinoamericanos de más difícil acceso debido a la limitada conectividad con las principales aerolíneas.

El gobierno de Paz —elegido en noviembre— está trabajando en una nueva imagen de marca del país y está dando prioridad a seis destinos, entre ellos Uyuni y el famoso Cerro Rico. También está coordinando con prestamistas multilaterales para canalizar la inversión hacia el sector.

“El turismo se ha identificado como un sector estratégico dentro de la nueva matriz productiva, por su potencial de diversificación de una economía históricamente dependiente de hidrocarburos y minería”, dijo la ministra de Turismo, Cinthya Yañez, en una respuesta por escrito a preguntas.

Además de la zona del salar, la antigua meca de la minería de plata de Potosí y la capital constitucional de Sucre, Bolivia espera promocionar su región vinícola de Tarija; la capital de facto, La Paz —situada en un espectacular cañón a 3.600 metros sobre el nivel del mar— y el cercano lago Titicaca; así como Rurrenabaque, la puerta de entrada a la Amazonía y al Parque Nacional Madidi.

Cochabamba, un centro gastronómico cerca de una enorme estatua de Cristo, y el Parque Nacional Torotoro también figuran en la lista, al igual que el centro comercial de Santa Cruz de la Sierra y las sabanas semiáridas al oriente y occidente del mismo.

“El turismo es una de las oportunidades más inmediatas y escalables de Bolivia para generar divisas, impulsar el crecimiento más allá de los principales centros económicos y ayudar a que el país vuelva a la senda de la prosperidad a largo plazo”, escribieron los economistas Tim Freeman y Ricardo Hausman en un informe de abril del Growth Lab de la Universidad de Harvard.

Financiado por el multimillonario boliviano-estadounidense Marcelo Claure, el análisis sostiene que el turismo internacional puede aportar ingresos a la economía boliviana “sin los largos ciclos de inversión que requieren otros sectores exportadores”.

El ministro de Minería, Marco Antonio Calderón, coincide en que el turismo podría generar más ingresos en dólares que la minería de litio a corto plazo. “Hay que proteger esas áreas del Salar de Uyuni donde hay turismo”, afirmó en una entrevista, añadiendo que no hay prisa por industrializar el metal para baterías. “Hay que hacerlo bien, es lo más importante”.

El gobierno de Bolivia está trabajando ahora en un proceso de zonificación del salar para garantizar un espacio para las actividades turísticas, protegido de las zonas mineras donde podría desarrollarse la extracción de litio a largo plazo, según Yañez.

Los anteriores gobiernos de izquierda han intentado en repetidas ocasiones extraer a gran escala de las tierras altas bolivianas el metal utilizado en las baterías de los vehículos eléctricos, principalmente a través de una empresa estatal. Este país sin litoral cuenta con el doble de recursos que su vecino Chile, pero aún no se consideran comercialmente viables. Los yacimientos tienen altos niveles de magnesio, lo que encarece la producción del litio. Además, el puerto más cercano se encuentra a más de 483 kilómetros.

Los gobiernos invirtieron grandes cantidades de dinero en estanques de evaporación en el Salar de Uyuni, pero una planta industrial de litio inaugurada en 2023 está operando a solo el 15% de su capacidad. El expresidente Luis Arce intentó orientar la producción hacia la extracción directa en aras de acelerar el proceso, firmando contratos con empresas de China y Rusia que la nueva administración está ahora revisando.

Las decisiones de los predecesores de Paz también tienen que ver con el retraso de Bolivia en materia de conectividad aérea.

Los gobiernos socialistas privilegiaron a la aerolínea pública frente a las empresas privadas en detrimento del sector de la aviación, según Jorge Valle, presidente de la asociación nacional de aerolíneas. “Nunca he visto algo así en mis 52 años de experiencia en el sector”, comentó.

El nuevo gobierno se ha comprometido a aplicar una política de “cielos abiertos” para mejorar la conectividad y atraer inversiones. Aunque se necesitan más reformas legales, ha dado el primer paso al permitir que las aerolíneas extranjeras transporten pasajeros y carga entre Bolivia y países terceros. También está en conversaciones con el gigante canadiense de la construcción Aecon Group Inc. para ampliar el aeropuerto de Santa Cruz y convertirlo en un centro regional.

Analistas coinciden en que el desarrollo del turismo tomará algún tiempo. La iniciativa de Paz parte “de una base muy baja en términos de conciencia”, señaló Brian Seel, gestor de carteras especializado en Latinoamérica de Artisan Partners LLP en Boston. Pero “si no se empieza hoy, nunca va a suceder”.

El gobierno, por su parte, espera que estos cambios ayuden al país a diversificar su economía y a generar unos ingresos muy necesarios. “Tenemos el gasoducto del turismo, ahora hay que abrir la llave con conexión aérea”, dijo el viceministro de Turismo, Andrés Aramayo.

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