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Pagar a tiempo la luz, el agua y el internet le permitirá acceder a mejores opciones de crédito

Por Economista Colombia 5 min de lectura
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Cada mes se repite la misma escena: llegan los recibos de la luz, el agua, el internet y el celular, usted los paga y sigue con su vida. Lo que probablemente no sabe es que, hechos de cierta manera, esos pagos cotidianos pueden convertirse poco a poco en un activo a su favor.

Durante años, la meta del sistema financiero colombiano fue que todos tuvieran una cuenta, y esa tarea está casi cumplida: según el más reciente Reporte de Inclusión Financiera de la Superintendencia Financiera y Banca de las Oportunidades, con corte a 2024, el 96,3 % de los adultos del país tiene al menos un producto financiero. El desafío hoy es distinto: que esas cuentas se usen.

“El sistema financiero avanzó mucho en acceso, pero la verdadera inclusión empieza cuando una cuenta se usa para resolver necesidades del día a día; deja de ser un lugar donde solo se recibe dinero y empieza a funcionar como una herramienta para simplificar transacciones, organizar gastos y automatizar pagos de servicios”, explica Simón Pinilla, cofundador de la Fintech DRUO.

Lo que pocos saben es que esos pagos rutinarios, cuando se hacen de forma puntual y desde una cuenta, dejan rastro. No se trata solo de cumplir con el recibo: mes a mes se va construyendo un comportamiento de pago que puede jugar a su favor el día que necesite un préstamo. De hecho, el mismo reporte midió por primera vez el crédito otorgado por empresas que no son bancos —como las de telefonía o comercio— y con ello el acceso al crédito en el país subió al 50,5 % de los adultos, unos 19,6 millones de personas. Pagar a tiempo el plan del celular o las cuotas de un electrodoméstico ya empieza a “contar”.

¿Qué significa esto en la práctica? Cada pago puntual deja un registro de cumplimiento. Las centrales de información —esas que los bancos consultan antes de aprobar un préstamo— guardan si usted honra sus compromisos. Un historial ordenado se traduce, con el tiempo, en más opciones de que le aprueben un crédito y en mejores condiciones, como tasas más bajas o plazos más cómodos.

Ese registro vale aún más tras un cambio reciente. Con el Decreto 0368 de 2026, Colombia hizo obligatorias las finanzas abiertas, conocidas como open finance: un esquema que, siempre con autorización del usuario, permite compartir su información financiera entre entidades para ampliar, entre otras cosas, el acceso al crédito. En palabras simples, su buen comportamiento como pagador puede viajar —con su permiso— y abrirle mejores oportunidades.

Así puede automatizar sin perder el control

La tecnología acompaña el cambio. El sistema de pagos inmediatos Bre-B, del Banco de la República, acumulaba más de 782 millones de transacciones con corte al 4 de mayo de 2026 y mueve cerca de 5 millones de operaciones cada día.

Anticipándose a las funcionalidades previstas para Bre-B en el futuro, algunas fintechs, como DRUO, ya han construido casos de uso que siguen fortaleciendo el potencial de las llaves Bre-B. Hoy, utilizando estas llaves, ya es posible programar débitos automáticos: autorizar una sola vez para que los pagos recurrentes se realicen de manera automática, sin filas ni recordatorios.

“La posibilidad de registrar pagos automáticos desde una cuenta de banco o una llave acerca funcionalidades que durante años estuvieron más asociadas a las tarjetas, como las suscripciones o los cobros automáticos sin fricción”, agrega Pinilla.

La automatización tiene un beneficio directo para el bolsillo: ayuda a no olvidar un pago, evita moras y, con ello, protege su reputación financiera. Pero conviene usarla con cabeza. La recomendación es sencilla: programe los descuentos para los días siguientes a la fecha en que recibe su sueldo, mantenga un saldo de respaldo y revise una vez al mes que los cobros correspondan a productos que de verdad está usando.

Hay que tener claro lo que la automatización no hace: no crea dinero ni reemplaza un presupuesto. Si no hay saldo, el cobro se rechaza, y eso puede jugar en contra. Por eso la clave está en combinarla con un control básico de gastos. Este año, además, el Banco de la República reforzó las reglas para exigir más transparencia: las entidades deben informar los cobros y dejar claro cómo cancelar una autorización cuando el usuario lo decida. Automatizar, entonces, no significa perder el control; al contrario, usted conserva siempre la última palabra.

¿Por dónde empezar? Tres pasos prácticos. Primero, concentre sus pagos recurrentes en una sola cuenta para tenerlos a la vista. Segundo, vuelva la puntualidad una rutina —idealmente con débito automático— para no depender de la memoria. Y tercero, una vez al año revise su reporte en las centrales de información y confirme que ese buen comportamiento quedó registrado.

“El siguiente paso no es tener más productos, es usarlos mejor. Ahí es donde se define el verdadero alcance de la inclusión financiera”, concluye el cofundador de DRUO.

En finanzas personales, las grandes diferencias rara vez vienen de un golpe de suerte: casi siempre nacen de una decisión pequeña y repetida. Cumplir a tiempo, desde su cuenta, es una de ellas.

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