La TRM vigente entre el 11 y el 14 de julio es de $3.248,87. El 7 de julio estaba en $3.350,68. En menos de una semana bajó $101,81: quien compre US$5.000 paga cerca de $509.000 menos.
La pregunta no es si está barato, sino para qué se necesitan esos dólares y cuándo se usarán. Comprar por miedo a una subida puede ser tan costoso como esperar un piso imposible de adivinar.
Un análisis de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá, señala que la fortaleza del peso combina tasas altas en Colombia, una política monetaria menos restrictiva en Estados Unidos y expectativas sobre la transición política y fiscal.
“El peso recibió una señal de menor riesgo político, pero esa confianza todavía tiene que pasar por tres filtros: escrutinio, gabinete económico y hoja fiscal”, explica Lorena Gutiérrez, decana de la Facultad.
El Banco de la República tiene su tasa en 12%, mientras la Reserva Federal mantiene la suya entre 3,5% y 3,75%. Esa brecha favorece los activos en pesos, pero no garantiza que el dólar siga cayendo. La inflación anual llegó a 6,14% en junio y persisten riesgos capaces de cambiar la tendencia.
Por eso, más que intentar acertar el precio mínimo, la recomendación es decidir según la necesidad.
Si tiene un viaje o un pago en dólares, compre por partes: Para quien viajará, estudiará o pagará una obligación en dólares, comprar por partes reduce el riesgo si la divisa baja más y protege si vuelve a subir. El momento puede ser favorable.
“El error sería creer que el dólar barato es permanente. Para una familia que viaja o paga estudios afuera, este es un buen momento para cubrir una parte del gasto, no para apostar todo a una sola tasa”, agrega Gutiérrez.
2. Si tiene una deuda en dólares, priorice reducirla: El dólar barato puede ser más útil para cancelar una obligación que para abrir una apuesta de inversión. Quien debe en moneda extranjera necesita menos pesos para cubrir el mismo saldo. Si la deuda tiene un financiamiento costoso, el beneficio puede ser mayor: en julio, el interés bancario corriente para consumo es de 19,19% efectivo anual y la tasa de usura llega a 28,79%.
3. Si recibe remesas, no confunda más dólares con más pesos: Para los hogares que reciben dinero del exterior, el efecto es contrario: cada dólar enviado se convierte en menos pesos. Si existe margen para escoger el momento de la conversión, fraccionar puede ayudar. Pero retener todo esperando una subida puede afectar gastos inmediatos.
“Para el bolsillo, la regla es sencilla: quien tenga gastos en dólares debe presupuestar por escenarios; quien reciba remesas o facture afuera debe prepararse para menos pesos por cada giro”, concluye Gutiérrez.
4. Si quiere ahorrar en dólares, no se endeude para comprarlos: Comprar porque “están baratos” no garantiza una ganancia. El costo de un crédito puede comerse cualquier valorización futura. En abril las importaciones crecieron 15,8% anual y el déficit comercial llegó a US$1.760,8 millones. Ahorrar en dólares puede servir como diversificación, no como apuesta segura.
5. Si piensa vender, revise para qué necesita los pesos: Quien ya tiene dólares enfrenta la decisión inversa. Vender todo después de una caída puede cristalizar una pérdida si no necesita liquidez. Pero esperar únicamente a que regrese un precio anterior tampoco es una estrategia. La pregunta debe ser cuánto dinero necesita.
El dólar a $3.248,87 favorece algunos bolsillos y reduce ingresos para otros. La mejor decisión no depende de adivinar si mañana estará a $3.200 o a $3.400, sino de evitar dos errores: comprar por ansiedad y vender por pánico. La estrategia es definir el objetivo, dividir el riesgo y no apostar dinero que se necesitará pronto.
