En 2026 las tasas de intervención del Banco de la República podrían volver a subir, luego de su senda de baja y estabilidad, registrada en el presente año.
Así se establece en las minutas de la última reunión de la Junta Directiva del Banco de 2025, donde, por mayoría, se mantuvo inalterada la tasa.
De acuerdo con las minutas, con la información actualmente disponible, se requiere una senda de tasa de interés de política superior a su nivel actual para que la inflación converja hacia la meta en 2027.
Justifican esta postura mediante diversos argumentos. Anotan que el proceso de caída de la inflación observado durante 2024 se interrumpió en 2025, hasta el punto de que la inflación de precios al consumidor es ahora más alta de la que se tenía un año atrás. También advierten que las expectativas de inflación a un año han aumentado de forma significativa, alejándose sustancialmente de la meta de 3,0%.
Subrayan los codirectores que tanto el aumento en la inflación como de sus expectativas ha implicado una reducción de la tasa de interés real de política frente a la que se tenía meses atrás, con lo cual la política monetaria se ha tornado menos contractiva.
Adicionalmente, anotan que, como resultado de la política fiscal expansiva, el crecimiento de la demanda interna se ha visto impulsado por el consumo público y privado, particularmente en el tercer trimestre, llevando a que la demanda exceda la capacidad productiva de la economía, lo que ha creado una brecha de producto positiva que se refleja en una ampliación del déficit de la cuenta corriente y en una inflación más persistente.
Manifiestan su preocupación por que esta situación combinada con una política monetaria menos contractiva profundice los desequilibrios macroeconómicos e impida la convergencia de la inflación a la meta en el plazo deseado. Señalaron que, si bien las condiciones financieras externas se tornaron más holgadas tras la tercera reducción consecutiva de la tasa de interés de política monetaria en Estados Unidos, dicho relajamiento ha sido contrarrestado en alto grado por los aumentos en los márgenes de riesgo país de Colombia, los cuales se ubican actualmente considerablemente por encima de los de todos los países comparables de la región.
Algunos codirectores de este grupo agregan que el relajamiento en las condiciones financieras externas también ha sido contrarrestado parcialmente por los recientes incrementos de tasas del Banco de Japón, que han llevado su tasa de referencia al nivel más alto de las últimas décadas.
Todos los codirectores insisten en que el aumento en el costo de la deuda externa colombiana tiende a agudizarse por el creciente desajuste de las finanzas públicas que se manifiesta en un incremento del déficit primario y en mayores necesidades de financiamiento.
De otra parte, resaltan los riesgos inflacionarios que implicaría un elevado incremento del salario mínimo, el cual a su vez tiene un impacto fiscal significativo. Frente a estas circunstancias, urgen por la necesidad de reforzar el papel contracíclico de la política monetaria, más aún en ausencia de un ancla fiscal clara, en un contexto de amplias rigideces del gasto y dificultades para aumentar los ingresos.
Dos de estos directores votaron por que el incremento de la tasa de interés de política empezara a partir de esta misma sesión de la Junta, al considerar que, bajo las condiciones descritas, no existe una disyuntiva para la política monetaria. No obstante, ante el empate en la votación, conciliaron su posición en favor de la decisión mayoritaria. Subrayan que adelantar los ajustes al alza en la tasa de interés tiende a generar dividendos en términos de mayor crecimiento, mientras que postergarlos puede implicar mantener tasas elevadas durante un período más prolongado.
Todos los miembros de la Junta coincidieron en destacar el buen resultado del PIB en el tercer trimestre, que llevó a una revisión generalizada al alza de los pronósticos de crecimiento económico para el presente año. Resaltan que este buen dinamismo ha estimulado la creación de empleo. No obstante, alertan sobre la profundización de desequilibrios subyacentes que podrían comprometer la sostenibilidad de este crecimiento.
Al respecto, observan que el fortalecimiento de la demanda interna a un ritmo muy superior al del PIB incide en una ampliación del déficit comercial de la balanza de pagos. Señalan también que el crecimiento de la formación bruta de capital, si bien positivo, es insuficiente para alcanzar su tendencia de prepandemia, lo cual podría debilitar el producto potencial de la economía en el mediano plazo.
Concuerdan en que un esfuerzo decidido por la consolidación fiscal contribuiría de manera importante a la corrección de estos desequilibrios y con ello a la sostenibilidad del crecimiento económico.
La Junta Directiva reiteró que la decisión adoptada por la mayoría de sus miembros reconoce los riesgos identificados sobre la convergencia de la inflación a la meta. Subrayó que los futuros movimientos de la tasa de interés responderán a la evolución de la inflación y sus expectativas, la dinámica de la actividad económica, y el balance de riesgos internos y externos.
