Worldpanel by Numerator presentó los resultados de Consumer Insights Q1 2026, un análisis que evidencia un inicio de año con señales positivas para el consumo en Colombia, en medio de un contexto económico marcado por crecimiento moderado, mejora en empleo y una reactivación de la inflación.
De acuerdo con el informe, el PIB del país creció 2,2% y el desempleo se ubicó en 8,8% en marzo de 2026, mostrando una mejora frente al mismo periodo del año anterior. Sin embargo, la inflación mantiene presión sobre el gasto de los hogares y podría cerrar el año en 6,3%, impactando especialmente a los niveles socioeconómicos bajos y a los hogares de cinco o más integrantes.
En este entorno, el consumidor colombiano continúa comprando, aunque con decisiones más estratégicas y selectivas. La canasta de consumo masivo creció 4,6% en valor y más de 2,5% en volumen, mientras el desembolso por acto de compra aumentó 1,9%.
“El shopper colombiano sigue activo, pero hoy reorganiza cada peso que gasta. Estamos viendo un consumidor que prioriza bienestar, autocuidado y productos que le generen valor percibido, incluso en medio de presiones económicas que todavía afectan su capacidad adquisitiva”, señala Julián Pardo, Associate Manager de Worldpanel by Numerator.
Impacto del aumento del salario mínimo en el consumo
El informe también evidencia el impacto que sigue teniendo el aumento del salario mínimo sobre las dinámicas de consumo en Colombia. Actualmente, cerca de la mitad de los hogares del país tiene al menos un integrante que depende de este ingreso, una situación que afecta principalmente a los niveles socioeconómicos 1 y 2, así como a las familias numerosas.
Aunque este incremento representa un alivio para muchos hogares, también genera presiones sobre el gasto cotidiano debido al efecto que tiene sobre los precios y el costo de vida.
“El aumento del salario mínimo sigue teniendo un efecto estructural sobre el consumo de los hogares colombianos. Lo interesante es que, pese a las restricciones, el shopper no está dejando de consumir, sino reorganizando sus prioridades y buscando maximizar el valor de cada compra”, comenta Pardo.
El análisis muestra que el crecimiento del consumo ya no se concentra únicamente en categorías básicas. Canastas como bebidas no alcohólicas, cuidado personal, belleza, salud y bienestar vienen ganando relevancia dentro del gasto de los hogares.
La categoría de belleza, por ejemplo, registra un crecimiento de 18%, mientras que el segmento de autocuidado y bienestar, que incluye OTC, bebidas funcionales, alternativas lácteas y comida saludable, crece 15%. Incluso los hogares de niveles socioeconómicos bajos aumentaron su gasto en marcas premium durante el arranque del año, con una variación de +8% frente al primer trimestre de 2025.
“Más allá de buscar ahorro, el consumidor está tomando decisiones mucho más conscientes sobre dónde vale la pena invertir su dinero. Hoy vemos hogares que priorizan categorías asociadas a bienestar físico, salud y experiencias de consumo que les generen valor”, agrega Pardo.
El consumidor ajusta sus compras, pero no se retira del consumo
El informe también evidencia que, aunque el consumo mantiene una tendencia positiva durante el inicio de 2026, los hogares colombianos están transformando la forma en que compran para adaptarse a un entorno donde la inflación y el costo de vida continúan presionando el presupuesto familiar.
Durante el primer trimestre del año, la frecuencia de compra creció 1,2%, mientras las unidades por acto disminuyeron, reflejando un shopper que realiza compras más frecuentes, pero con carritos más pequeños y decisiones mucho más estratégicas.
“El consumidor colombiano sigue activo y presente en el mercado, pero hoy administra cada compra con mucho más cuidado. Estamos viendo hogares que fragmentan su gasto, priorizan ocasiones específicas de consumo y buscan mantener su calidad de vida sin desbalancear el presupuesto”, explica Pardo.
El análisis muestra que el crecimiento del consumo ya no depende únicamente de comprar más volumen, sino de una redistribución más consciente y selectiva del gasto. En este contexto, categorías asociadas a bienestar, funcionalidad y valor agregado continúan ganando espacio dentro de la canasta de los hogares, mientras los consumidores equilibran necesidades básicas con pequeñas decisiones aspiracionales.
A pesar de las presiones económicas, el shopper colombiano mantiene una actitud resiliente. Los hogares continúan consumiendo, aunque desde una lógica más racional, flexible y enfocada en maximizar el valor percibido de cada compra.
