(Luis Sebastián Ríos Zárate).- Muchos colegios privados enfrentan una paradoja: forman comunidad, pero carecen de herramientas financieras. Con escasez de liquidez, morosidad creciente y pensiones que han subido por debajo de la inflación, Educación en cifras —el informe publicado por mattilda— pone en evidencia un reto estructural del sistema educativo privado colombiano: menos estudiantes, alta deserción económica y baja ocupación escolar.
Entre 2012 y 2023, los nacimientos en el país cayeron un 24,5 % y las matrículas escolares un 11,9 %. Solo en el primer semestre de 2024, más de 700 colegios cerraron en Colombia, 26 de ellos en Bogotá. Actualmente, el 98 % de las instituciones privadas opera por debajo de su capacidad instalada, y uno de cada cinco ni siquiera alcanza el 50 % de ocupación. Las listas de espera han desaparecido, pero los costos fijos se mantienen. A esto se suma que el 53 % de los estudiantes que desertan lo hacen por falta de capacidad de pago.
“Hoy, muchos colegios se sienten atrapados entre su compromiso con la calidad educativa y las limitaciones reales para crecer, innovar o incluso sostenerse en el tiempo. Gestionar bien las finanzas ya no es una ventaja competitiva: es una condición indispensable para que el proyecto educativo siga adelante, crezca y cumpla su propósito”, señala José David Tena Gascón, Country Manager de mattilda.
El informe también identificó oportunidades concretas para mejorar la sostenibilidad del sistema. Una de ellas es la diversificación de ingresos: el 29 % de los colegios depende exclusivamente del pago de pensiones, solo el 37 % genera ingresos por actividades extracurriculares y menos del 10 % por servicios como cafetería, transporte o uniformes. Esta dependencia vuelve cualquier retraso en el recaudo un riesgo estructural.
