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Precios de oficinas en Bogotá suben más de 30% y presionan cambios en el mercado corporativo

Por Economista Colombia 4 min de lectura
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Bogotá vive un momento particular en su mercado corporativo. Mientras la demanda por oficinas de alta calidad se mantiene activa y la disponibilidad de espacios se reduce, cada vez más empresas están replanteando su estrategia inmobiliaria y explorando alternativas como los espacios de trabajo flexible para mantener eficiencia y control de costos.

La capital colombiana registró en 2025 una de las tasas de vacancia de oficinas más bajas entre los principales mercados corporativos de América Latina. De acuerdo con un estudio de Cushman & Wakefield citado por Bloomberg Línea, el indicador se ubicó en 6,7%, lo que representó una caída de 3,8 puntos porcentuales frente al año anterior y posicionó a Bogotá por debajo de ciudades como Buenos Aires, Santiago y Río de Janeiro.

La dinámica responde a una demanda sostenida por espacios corporativos de mayor calidad. El mismo informe señala que la absorción neta acumulada alcanzó los 66.359 metros cuadrados durante 2025, impulsada principalmente por empresas interesadas en edificios Clase A y ubicaciones estratégicas dentro de la ciudad.

La menor disponibilidad de espacios ha comenzado a reflejarse con fuerza en los precios. El arriendo promedio de oficinas Clase A en Bogotá cerró el año alrededor de US$23 por metro cuadrado al mes, lo que representa un aumento superior al 30% frente a 2024. La cifra ubica a la ciudad por encima del promedio regional de América Latina, que se sitúa cerca de US$21,4 por metro cuadrado con un incremento cercano al 12%.

En paralelo, las dinámicas laborales también están influyendo en el comportamiento del mercado. Aunque el trabajo híbrido se consolidó después de la pandemia, cada vez más empresas están fortaleciendo los esquemas de presencialidad para impulsar la colaboración, la innovación y la cultura organizacional.

Un estudio regional sobre tendencias laborales elaborado por Michael Page y WeWork muestra que el 48% de los trabajadores opera actualmente bajo un esquema completamente presencial, mientras que el 35% lo hace en modalidad híbrida. Esto confirma que el espacio físico sigue siendo un componente clave en la estrategia corporativa de las organizaciones.

En este escenario, el aumento en los costos de las oficinas tradicionales está acelerando el interés por modelos más flexibles de ocupación. Estos esquemas permiten a las compañías adaptarse con mayor rapidez a cambios en el tamaño de los equipos, proyectos temporales o expansiones del negocio sin asumir contratos de largo plazo ni inversiones iniciales en infraestructura.

Los espacios de trabajo flexible ofrecen oficinas completamente equipadas y listas para operar, eliminando la necesidad de adecuaciones, mobiliario o infraestructura tecnológica. Además, permiten acceder a contratos más dinámicos y a esquemas de pago basados en el uso real del espacio, lo que facilita ampliar o reducir capacidad según las necesidades del momento.

A esto se suma un componente de servicios que cada vez pesa más en la decisión de las empresas. Internet de alta velocidad, salas de reuniones, zonas comunes, cafeterías, estaciones de café y espacios diseñados para el bienestar de los equipos forman parte de la propuesta de valor de estos modelos, junto con equipos especializados que gestionan la operación diaria y la experiencia de las compañías.

Para Claudio Hidalgo, presidente de WeWork Latinoamérica, el cambio refleja una transformación más profunda en la forma en que las organizaciones conciben sus espacios de trabajo.

“Las empresas hoy buscan soluciones que les permitan enfocarse en su negocio mientras un socio estratégico gestiona el espacio de trabajo. Los modelos flexibles ofrecen infraestructura lista para usar, escalabilidad y experiencias diseñadas para el bienestar y la productividad de los equipos”, afirma.

En la práctica, cada vez más compañías están optando por estrategias inmobiliarias mixtas que combinan oficinas corporativas con espacios flexibles. Este enfoque les permite responder con mayor agilidad a nuevas necesidades operativas, optimizar costos y ofrecer a los equipos entornos de trabajo adaptados a las nuevas dinámicas laborales.

Con una vacancia en mínimos históricos y precios que siguen al alza, Bogotá se está consolidando como uno de los mercados corporativos más dinámicos de la región. En ese contexto, los modelos de oficina flexible comienzan a posicionarse no solo como una alternativa coyuntural, sino como una pieza estructural en la forma en que las empresas gestionan su presencia física en la ciudad.

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