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Según estudio de la OEI, el 74,7% de los graduados en América Latina mejora sus ingresos tras terminar la universidad

Por Economista Colombia 5 min de lectura
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¿Realmente estudiar una carrera universitaria mejora la situación económica de los graduados en América Latina? Un estudio liderado por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) analizó el impacto de la educación superior en 8.657 graduados de seis países y encontró que culminar estudios universitarios sí genera beneficios económicos concretos, especialmente en términos de ingresos, empleabilidad y estabilidad laboral y la percepción del éxito profesional.

Los resultados se presentan en el libro “Construcción de referentes metodológicos para la evaluación de impacto del perfil de egreso en programas de América Latina”, desarrollado en alianza entre la OEI, la Fundación PENSER y 18 universidades de la región. La investigación propone una metodología concreta, replicable y comparable para medir el impacto de la educación superior en dimensiones económicas y sociales, incluyendo ingresos, tipo de empleo, movilidad social y calidad de vida.

¿Qué encontró la investigación?

Uno de los hallazgos más relevantes es que el 74,7 % de los graduados reporta ingresos superiores a los que tenía durante su etapa de estudios, lo que confirma que la educación superior actúa como un mecanismo de mejora económica individual. Sin embargo, esta mejora no siempre se traduce en prosperidad sostenida: aunque el 58,3 % considera que sus ingresos son suficientes, solo el 20,1 % afirma que son muy suficientes, mientras que un 21,6 % continúa enfrentando insuficiencia económica después de graduarse en sus estudios.

Además, los investigadores encontraron que el impacto económico de la educación no se limita al aumento de ingresos, sino que se refleja en una mejora significativa en las condiciones del empleo y la calidad de vida. El 75,5 % de los graduados se encuentra trabajando y cerca del 80 % accede a formas de empleo formal, con predominio de contratos estables. En el caso de Colombia, el Politécnico Grancolombiano registra que el 85% de sus graduados se encuentran en empleos formales.

Además, el 59,4 % de los graduados analizados cuenta con contrato a término indefinido, lo que representa un nivel importante de seguridad laboral en comparación con contextos de alta informalidad en la región. Por ejemplo, la Universidad Tecnológica La Salle de Nicaragua reporta que el 71,9 % de sus graduados tiene contrato a término indefinido, lo que refuerza la idea de que la formación universitaria puede facilitar el acceso a empleos formales y estables en contextos marcados por una alta informalidad laboral.

La relación entre educación y economía es aún más evidente al observar las diferencias por nivel de formación. Mientras que quienes poseen doctorado alcanzan una tasa de ocupación del 100 %, los graduados de posgrado superan el 88 % y los de pregrado registran un 72,7 %, lo que demuestra que, a mayor nivel educativo, mayores oportunidades económicas y laborales se pueden encontrar.

El impacto de la graduación en la economía del hogar

El impacto económico de la educación también se extiende a los hogares, pues la mayoría de los graduados asume un rol activo en la sostenibilidad familiar: el 50,2 % actúa como co-proveedor económico y el 37,1 % como principal proveedor, lo que demuestra que los beneficios de la educación superior no solo son individuales, sino también familiares y comunitarios.

Asimismo, el estudio pone en evidencia un fuerte proceso de movilidad familiar. De cada 100 graduados, solo 17 de sus padres habían tenido educación superior. Es decir, solo el 17% de los padres de los graduados accedió a este nivel educativo, mientras que, el 100 % de los participantes logró culminar al menos un programa universitario, y el 33,5 % continuó con estudios de posgrado, rompiendo barreras educativas históricas en sus familias.

El 71,5 % de los graduados del estudio también reconoce que la educación superior mejoró su calidad de vida, especialmente en aspectos directamente relacionados con la economía, como el acceso al empleo (64,9 %) y el aumento de ingresos (66,9 %). Por ejemplo, la Universidad Privada del Valle de Bolivia evidencia que cerca del 60 % de sus graduados percibe una mejora en su calidad de vida. Sin embargo, los avances son más moderados en variables como vivienda, salud y recreación, lo que evidencia que el impacto económico de la educación es más fuerte en el corto plazo laboral.

Además, las llamadas competencias transversales, como el pensamiento crítico, la toma de decisiones y la capacidad de resolución de problemas, muestran una relación más fuerte con el bienestar económico. De hecho, entre el 80 % y el 81 % de quienes reportan altos niveles en estas habilidades consideran que sus ingresos son suficientes o muy suficientes, sugiriendo que estas capacidades son decisivas para el desempeño y la remuneración en el mercado laboral.

“Este libro propone un cambio profundo en la forma de evaluar la educación superior, invitando a mirar más allá de los currículos y las acreditaciones y nos permite centrarnos en el impacto humano, en el impacto social y laboral y en la vida real de los graduados que realmente presentan una movilidad y crecimiento cuando logran cumplir ese propósito de vida y cuando el éxito se mide desde su ser”, señaló Lina Giraldo, secretaria Académica y de Docencia de la Universidad Politécnico Grancolombiano y una de las investigadoras del estudio.

No obstante, esta movilidad educativa no se traduce de manera automática en una movilidad económica equivalente, ya que persisten limitaciones estructurales que restringen el aumento sostenido de ingresos y el acceso a mejores condiciones materiales.

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