La industria aseguradora sigue con su compromiso de aportar con la recuperación del país: Convierte la protección contratada en recursos para la recuperación de sus asegurados, avanza en el pago de las reclamaciones y aporta los recursos que permiten a familias, empresas y comunidades reconstruir y volver a empezar.
Con corte al 18 de septiembre, el valor asegurado asociado a los siniestros reportados asciende a $5,5 billones, $1 billón más frente a la semana anterior.
Desde el momento del terremoto las aseguradoras han recibido 85.496 reclamaciones, 962 más que la semana anterior cuando se registraba 84.534.
Para este último reporte se registran pagos por $274.590 millones en indemnizaciones, para un crecimiento del 48%. Esta semana se pagaron $89.820 millones más frente a la semana anterior.
En este momento nos encontramos en la etapa de evaluación de los bienes afectados con prioridad en los colapsados y los declarados pérdida total, a través de más de 140 firmas de ajustadores. “Tras un terremoto, los ajustadores cumplen una labor fundamental: recorren las zonas afectadas, evalúan los daños y cuantifican las pérdidas, un trabajo técnico que permite avanzar en la atención de las reclamaciones y movilizar los recursos necesarios para la recuperación y reconstrucción”. Expresó Gustavo Morales, presidente de Fasecolda.
La hora de los ajustadores
Después de un terremoto, cuando comienza el camino de la recuperación, el trabajo de los ajustadores se vuelve fundamental. Ellos llegan a los lugares afectados, evalúan los daños y cuantifican las pérdidas. Esta labor permite avanzar en las reclamaciones y es uno de los primeros pasos para que los recursos del seguro se conviertan en reparación y reconstrucción.
Su labor consiste en evaluar técnicamente las pérdidas, verificar su relación con el evento y aportar elementos para determinar el alcance de la cobertura y la cuantía del siniestro, de acuerdo con las condiciones de la póliza.
Su trabajo suele incluir:
Inspeccionar los bienes afectados, como viviendas, edificios, comercios, industrias, maquinaria e infraestructura asegurada.
Identificar y documentar los daños, diferenciando los ocasionados por el terremoto de daños preexistentes u originados por otras causas.
Estimar económicamente las pérdidas, considerando reparación, reposición o reconstrucción, según corresponda.
Recopilar y analizar información técnica, como fotografías, informes estructurales, inventarios, facturas y presupuestos.
Apoyar la determinación de la pérdida indemnizable, teniendo en cuenta coberturas, sumas aseguradas, deducibles y demás condiciones contractuales.
Facilitar una atención técnica y ordenada de las reclamaciones, algo especialmente importante cuando un evento catastrófico genera miles de siniestros simultáneamente
Detrás de cada ajuste hay profesionales especializados que recorren las zonas afectadas, analizan los daños y valoran las pérdidas con rigor y responsabilidad. Su experiencia y conocimiento técnico son fundamentales para que, después de una catástrofe, el seguro cumpla su propósito: responder cuando más se necesita y ayudar a poner en marcha la recuperación y la reconstrucción.
