El empresario colombiano José María Acevedo, fundador de la compañía de electrodomésticos Haceb, a donde seguía acudiendo diariamente, y considerado uno de los grandes referentes del emprendimiento nacional, falleció este lunes a los 106 años, informó la empresa.
Nació el 2 de agosto de 1919, en la ciudad de Medellín, creció en una casa de la comuna 8 y por situaciones económicas solo pudo estudiar hasta 6to grado, razón por la cual se empleó como mensajero de un taller de reparación de electrodomésticos donde iniciaría su carrera para convertirse en uno de los empresarios más importantes de Colombia.
En 1940 decidió abrir su propio taller de reparación en un pequeño garaje en el centro de Medellín. Así, con 21 años, 25 metros cuadrados, un alicate y dos destornilladores, fueron suficientes para poner a caminar esta gran industria que hoy ocupa cerca de 300.000 metros cuadrados en las montañas de Copacabana-Antioquia, da empleo a más de 3.500 personas a nivel nacional, diseña, manufactura y comercializa anualmente cerca de 2.500.000 unidades de electrodomésticos y crea vínculos de largo plazo, aportando en la construcción de un mejor futuro.
En la memoria de colaboradores y aliados quedará el recuerdo de Don José, un hombre hecho a pulso que emprendió su empresa, movido por la necesidad de apoyar a su familia ante la precipitada muerte de su padre.
Se distinguió por su interés en aprender. Primero fue el curso de electricidad por correspondencia que tomó a los 16 años, después los aparatos eléctricos que desbarataba una y otra vez para encontrar su defecto y luego las ganas de aprender a fabricar cada electrodoméstico que producía.
A lo largo de su vida Don José demostró ser un estratega, habilidad que desarrolló desde de los 10 años cuando se aficionó por el ajedrez. Fue también un visionario que supo entender que para hacer empresa y construir país, era necesario privilegiar la calidad de vida de sus colaboradores y familias, así se ganó el corazón de centenares de hombres y mujeres que continuarán escribiendo su historia, marcada por la vocación, calidad y servicio.
Día tras día, Don José viajó desde su casa en Medellín hasta Copacabana, donde realizaba su recorrido cotidiano en su “pichirilo”, un Renault 4, sin puertas y especialmente adaptado según sus especificaciones. Fue así como inspiró a un equipo de colaboradores y acompañó un proceso de manufactura de talla mundial.
“Hoy nos quedamos con el recuerdo de Don José, apasionado con los edificios y las máquinas que dan vida a sus plantas de producción, con el recuerdo de un hombre que hasta el último día vivió para ser honesto y justo, para servirle a la sociedad, para extender la mano y dar con gentileza. Con el recuerdo de un emprendedor que nos enseñó que la familia es parte esencial de lo que somos y por eso nuestros valores son el reflejo de la esencia de su hogar y de su personalidad; un hombre sencillo, cálido, claro, gracioso y directo, que siempre gozó de lo simple y que nos deja la gran responsabilidad de seguir escribiendo una historia marcada por el liderazgo y el servicio”, concluyó la compañía.
