La salud financiera en Colombia ha dejado de ser una cuestión de cifras para convertirse en un pilar del bienestar. Según el reporte más reciente del Banco Mundial, el ahorro en el país se sitúa en el 13,64% del PIB, una cifra que contrasta, por ejemplo, con el 21,76% de Chile. Ante esta realidad, Bancamía, entidad de la Fundación Microfinanzas BBVA, señala que el desafío para las nuevas generaciones no es solo acceder al sistema financiero, sino desarrollar la capacidad de gestionar sus ingresos con un propósito futuro de mediano y largo plazo.
Bajo esta visión, la salud financiera se convierte en la posibilidad que tienen las personas de generar ingresos de forma regular, para administrar sus gastos diarios, acumular ahorros y activos, planificar el mañana y, fundamentalmente, crear un margen de maniobra frente a imprevistos. En contextos generales, y mucho más los de vulnerabilidad, este modelo de planificación es lo que determina la resiliencia de una persona.
Para fomentar esta cultura de bienestar es importante hacerlo desde la juventud, como un proceso que fortalece la educación y planificación financiera. Por ejemplo, en Bancamía, cerca de 140.000 clientes son jóvenes menores de 30 años (57% son mujeres), y titulares de 159.000 cuentas de ahorro y más de 4.100 CDT’s.
“Es clave facilitar a los jóvenes productos que entiendan sus dinámicas culturales. Por ejemplo, que sean digitales, transaccionales y que cuenten con medios de pago que les facilite el uso de cuentas o productos de inversión para aumentar su interés en guardar desde ya, para ir construyendo una salud financiera que les permita poner en marcha proyectos productivos, cumplir metas como seguir estudiando, invertir, adquirir una vivienda, un vehículo o planificar su libertad financiera”, afirma Diana González, vicepresidenta de Desarrollo Productivo de Clientes en Bancamía.
En esa línea, la entidad de la Fundación Microfinanzas BBVA, propone cinco ejes de acción para empezar a ahorrar desde muy jóvenes:
1. Ahorro con propósito
Ahorrar se vuelve incierto cuando no se tiene una meta definida. La planificación financiera a través de modelos de ahorro con propósito permite que este deje de ser una intención y se convierta en un compromiso con un objetivo de vida o productivo, ya sea la educación, la casa, vacaciones o un emprendimiento. Facilitar el acceso a estas herramientas desde montos mínimos mensuales ($20.000) permite que la disciplina se fortalezca, considerando los ingresos de cada persona.
Este hábito, además, puede iniciar desde la infancia. En el mercado ya hay productos de ahorro que permiten a los pequeños empezar con la disciplina de guardar y, por ejemplo, Bancamía tiene la cuenta ‘Grandes Soñadores’, que se puede abrir desde los 0 a los 13 años, sin monto mínimo de apertura ni cuota de manejo.
2. Organización administrativa y digitalización
La salud financiera requiere una separación clara entre las finanzas personales y las del emprendimiento (si lo tiene). En el ecosistema digital actual, el uso de herramientas móviles, como las alcancías digitales, no es solo una cuestión de agilidad, sino de planificación, pues permite que los jóvenes monitoreen su flujo de caja en tiempo real y eviten que el capital que entra por ingresos se diluya en gastos cotidianos, asegurando la sostenibilidad del ahorro a largo plazo.
3. No ahorrar lo que sobra: la técnica es «pagarse primero»
El error más común es esperar a fin de mes para ver qué quedó. La recomendación es separar una cuota fija, ideal el 10%, una vez se reciben los ingresos. Este hábito es el que permite, por ejemplo, a los microempresarios jóvenes, primero, definir para sí mismos un salario para vivir, para luego destinar una parte en ahorro, sin comprometer su bienestar básico, transformando pequeñas contribuciones en activos significativos en menos de un año.
4. Hacer que el dinero trabaje
La transición del efectivo hacia instrumentos que generen rendimientos reales (por encima del costo de vida, que a corte de marzo llegó a 5,56%) es un paso esencial en la madurez financiera. Opciones que ofrecen rentabilidades competitivas y disponibilidad inmediata, o inversiones de mediano y largo plazo, permiten que el esfuerzo del ahorrador se traduzca en crecimiento real del patrimonio.
Aquí entran a ser protagonistas herramientas como las cuentas de ahorro de alta rentabilidad, que en Bancamía se pueden abrir desde $0 y ofrecen hasta el 11% E.A. de rendimientos, o los CDT’s con plazos desde 90 a 360 días, con montos de apertura desde $50.000, y tasas por encima de inflación.
5. Invertir en conocimiento: La educación financiera como activo
Ninguna herramienta es efectiva sin el conocimiento para usarla. El acceso a formación gratuita en planeación y estrategias de ahorro es lo que permite que un joven pase de ser un usuario pasivo a un gestionar su capital con visión estratégica.
El tránsito hacia un ahorro formal y saludable actúa como un puente hacia una red de seguridad más amplia, que incluye seguros y financiamiento responsable. Al fortalecer la salud financiera hoy, los jóvenes colombianos no solo protegen su presente, sino que construyen la infraestructura económica de su propio futuro.
