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De la expansión a la rentabilidad, la nueva etapa del fintech en Colombia

Por Economista Colombia 5 min de lectura
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El ecosistema fintech colombiano ha alcanzado una escala que hace apenas unos años parecía improbable. Con más de 400 startups fintech, según señala el Finnovista Fintech Radar Colombia 2025, y niveles crecientes de adopción digital, Colombia se ha consolidado como uno de los mercados más dinámicos de Latinoamérica. La inclusión financiera ha avanzado; la banca móvil se ha masificado y millones de usuarios han accedido por primera vez a servicios financieros digitales.

Pero el éxito inicial ha traído consigo una nueva pregunta, mucho más compleja: ¿qué tan sostenible es ese crecimiento? Durante años, el foco estuvo en abrir cuentas digitales, emitir tarjetas y captar usuarios. Hoy, la conversación está cambiando. El desafío ya no es cuántas cuentas se abren, sino cuánto cuesta operarlas, mantenerlas activas y hacerlas rentables a lo largo del tiempo.

En ese punto, la infraestructura de procesamiento —processing— se vuelve determinante. “La inclusión financiera sólo funciona si escala”, sostiene Abdul Assal, director de desarrollo de negocio para Brasil y Colombia en Galileo. “El reto no es lanzar productos para miles de usuarios, sino construir una base que pueda soportar millones de transacciones sin que el modelo se vuelva insostenible”.

El procesamiento financiero es la capa que permite que todo funcione, desde la apertura de cuentas de depósito (DDA) hasta la autorización de pagos en tiempo real, la integración con redes de transferencia y la conciliación de operaciones. Es, en esencia, el sistema nervioso de cualquier fintech o banco digital. Sin embargo, no todo procesamiento es igual.

En el mercado actual coexisten dos enfoques. Por un lado, el procesamiento transaccional, diseñado para habilitar un lanzamiento rápido con el mínimo necesario para operar. Por otro lado, lo que Galileo define como procesamiento profundo: es decir, una infraestructura pensada para escalar, integrar controles de riesgo, adaptarse a la regulación y operar de forma consistente a largo plazo.

La diferencia entre ambos no siempre es evidente. Muchas fintechs logran lanzar productos con rapidez mediante soluciones ligeras que cumplen los requisitos básicos. El problema aparece meses después, cuando el crecimiento se acelera. Conforme aumentan los usuarios y el volumen de transacciones, también aumentan los costos operativos, la complejidad de la conciliación, los riesgos de fraude y la presión regulatoria. Procesos que funcionaban bien a pequeña escala comienzan a presentar fricciones.

La infraestructura, que al inicio parecía suficiente, se convierte en un límite. Y cambiarla en ese punto es costoso, complejo y, en muchos casos, disruptivo para el negocio. Por eso, el procesamiento, más que un componente técnico, es una decisión estratégica.

Una infraestructura moderna de Debit Processing & DDA permite operar cuentas de depósito, emitir tarjetas y procesar transacciones en tiempo real dentro de una arquitectura diseñada para escalar. También facilita la integración con sistemas clave, como transferencias bancarias, bill pay y wallets digitales, al tiempo que incorpora controles de riesgo y monitoreo continuo en el flujo operativo.

Esto tiene un impacto directo en la rentabilidad, pues una mejor arquitectura reduce la necesidad de procesos manuales, mejora la conciliación, disminuye los errores operativos y permite gestionar el crecimiento sin que los costos aumenten de forma desproporcionada.

“El ecosistema financiero colombiano vive un momento que exige escala. Es decir, menos ideas aisladas y más productos capaces de adaptarse y trabajar en conjunto para resolver problemas mayores”, agrega Assal. Ese momento también coincide con una evolución del mercado. Según el informe de Finnovista, 8 de cada 10 fintech han tenido vínculos con bancos; el 66% de las fintech ya integran IA, logrando impactos significativos: una reducción promedio del 44% en costos operativos, tiempos de atención al cliente recortados a la mitad y una disminución del fraude superior al 57%.

En este nuevo contexto, la rentabilidad depende tanto del crecimiento de usuarios como de la capacidad de gestionarlo con control. El costo por cuenta activa, la eficiencia en la gestión de transacciones y la capacidad de absorber picos de demanda sin degradar la experiencia se han convertido en indicadores clave de éxito, lo que está cambiando la lógica del mercado.

Las fintech que logran escalar sobre una infraestructura sólida pueden convertir volumen en margen, mientras que aquellas que no lo hacen enfrentan un crecimiento que incrementa su complejidad operativa y presiona su rentabilidad; por eso, la conversación sobre inclusión financiera está evolucionando hacia la necesidad de construir sistemas capaces de sostener ese acceso en el tiempo, ya que el futuro del ecosistema fintech en Colombia se definirá por quién logra operar mejor, entendiendo que abrir cuentas digitales fue sólo el primer paso y que hacerlas rentables es el verdadero reto.

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