El aumento desproporcionado del salario mínimo cambió de forma significativa el panorama macroeconómico de 2026, según un informe de Corficolombiana que señala que ahora se espera que la inflación se acelere a 6,5%, superior al 4,9% que proyectaba previamente, donde el mayor impacto provendría de comidas fuera del hogar y otros servicios.
Además, indica, “vemos riesgos al alza asociados a mayores presiones inflacionarias por el lado de la demanda, derivadas del incremento del ingreso disponible. A ello se suman las alzas esperadas en las tarifas de electricidad y gas, asociadas al desabastecimiento local, factores que más que compensarían el efecto desinflacionario de la apreciación del peso, que en términos anuales supera el 14%”.
Para 2026 son considerables los riesgos al alza en la inflación, entre estos se destacan: el efecto de indexación al aumento del 23% del salario mínimo, un incremento 17 puntos porcentuales (pps) por encima de la regla técnica deseable (inflación+productividad:6,0%); el efecto indexación sobre el cierre de la inflación 2025; el consumo continuará siendo dinámico, impulsado por el aumento de los ingresos de los hogares derivado del crecimiento extraordinario de las remesas, la cosecha cafetera y el incremento del salario mínimo, a lo que se suma una presión fiscal que sigue desbordando el gasto público; y el desabastecimiento local en gas y electricidad que se traducirá en incrementos en los precios de estos servicios públicos.
En contraste, se espera un mejor abastecimiento de alimentos perecederos, pese a la presencia del fenómeno de El Niño —que se espera sea moderado—, junto con la apreciación del peso colombiano en un contexto de trade electoral y fortalecimiento del carry trade, contribuirían a reducir la magnitud del aumento de la inflación.
“Por lo pronto el aumento desproporcionado del 23% del salario mínimo y la inflación de cierre de 2025 empezarán a materializarse en los ajustes de precios de los primeros meses de 2026. Recordemos que el 60% de la canasta del IPC está indexada —directa o indirectamente al salario mínimo (21%) y/o a la inflación de cierre del año (39%). En este contexto, la inflación pasada fija un piso elevado para la inflación de 2026, mientras que el fuerte ajuste del salario mínimo actuará como un factor adicional de aceleración”, indica Corficolombiana.
Así mismo, la inflación de servicios sin arriendos, que equivale a cerca del 25% del IPC, está altamente correlacionada con el aumento del salario mínimo. La correlación entre ambas variables es 0,78 y el modelo explica el 62% de la variación observada. Los servicios de restaurantes, educación no escolar, y servicios personales (e.g. salones de belleza, guarderías y servicio doméstico) son altamente intensivos en trabajo, por lo que sus estructuras de costos reaccionan con mayor sensibilidad a incrementos del salario mínimo.
En este contexto, se estima que el aumento del 23% del salario mínimo puede tener un efecto de 421 puntos básicos (pbs) en la inflación de servicios sin arrendamientos, consistente con un efecto de 164 pbs en la inflación total. Así, “anticipamos que la inflación aumentará, como mínimo, a 6,5% en 2026, mayor al 4,9% que proyectábamos previamente”. De esta forma, la inflación completaría seis años consecutivos por encima del rango meta.
En términos económicos, esta evidencia es consistente con la idea de que los aumentos del salario mínimo operan como un choque de costos que se transmite de forma relativamente sistemática a los precios de los servicios, fortaleciendo la dinámica de la inflación más persistente —aquella menos volátil y más difícil de revertir— y, por esa vía, elevando el riesgo de inercia inflacionaria, comprometiendo la convergencia hacia la meta.
Por componentes, los servicios se consolidarían como la principal fuente de presiones inflacionarias, seguidos en menor medida por los precios regulados. En contraste, los bienes tendrían un efecto prácticamente neutro, mientras que los alimentos contribuirían a contener un mayor aumento de la inflación. En servicios, se proyecta que ascienda desde 5,7% en 2025 hasta 8,7% en 2026. Este aumento se explicaría principalmente por el efecto del salario mínimo en la inflación de servicios -sin arrendamientos- la cual pasaría de 6,3% en 2025 a 12,3% en 2026. Arrendamientos tendrá un efecto neutro pues se indexará al 5,3% de la inflación de cierre, por lo cual la indexación será cercana al 100%. En conjunto, el componente de servicios seguirá dejará de ser un componente desinflacionario cómo lo hizo en los último tres años y se convertirá el principal factor de inflación.
Para regulados se prevé que la inflación aumente ligeramente de 5,88% en 2025 a cerca de 6% en 2026, retrasando la convergencia de la inflación total. Los factores detrás de esta presión son: mayor subsidio de transporte, que indexa tarifas a la inflación de cierre de año; ajustes en electricidad por efecto base y riesgos de oferta en un entorno con menor holgura; incrementos en tarifas de gas, reflejo de las tensiones de abastecimiento; mayores costos de servicios públicos pues el salario mínimo afecta los componentes laborales de las empresas. No se anticipan aumentos significativos en gasolina y diésel, pues 2026 será un año electoral y es poco probable que el Gobierno impulse ajustes fuertes en combustibles.
En bienes se espera una ligera aceleración de la inflación de 2,75% en 2025 a 2,91% en 2026, debido a: demanda interna más dinámica, especialmente en durables y semidurables; menor holgura en la capacidad instalada de algunas ramas manufactureras; y mayor costo laboral unitario por incrementos salariales. Si bien la apreciación del peso aliviará la inflación de bienes transables – que tienen un peso estimado del 18% en el IPC-, este efecto se disipará hacia mediados de 2026, cuando la apreciación anual se modere. El balance final es que los bienes tendrán un efecto neutro actuando como una fuente ligera de presión inflacionaria.
Para alimentos, Corficolombiana proyecta que la inflación se modere desde 6,1% en 2025 hasta 4,8%, apoyada en mejores condiciones de abastecimiento y en la apreciación del peso, que reduce el costo de insumos agropecuarios. Sin embargo, continúan presentes riesgos al alza: una probabilidad del 40% de un evento de El Niño de intensidad moderada hacia el tercer trimestre, tensiones geopolíticas susceptibles de aumentar los precios de insumos (fertilizantes, granos y combustibles), y la persistente vulnerabilidad del sistema logístico interno. “Nuestro escenario base asume que no se repetirán las restricciones viales que presionaron precios en 2025. Con esto en mente, alimentos aportaría a la desinflación”.
El impacto inflacionario del salario mínimo reforzará el desanclaje de las expectativas de inflación y obligará al Banco de la República a subir con fuerza la tasa de política monetaria. Antes de la decisión por parte del gobierno de un aumento de 23%, las expectativas a un año acumulaban 4 meses por encima del rango meta, pasando de 4,08 en septiembre a 4,54% en diciembre, y es muy probable que para la encuesta de enero se ubiquen en un nivel superior al 6%. Por su parte, las expectativas a dos años si bien siguen ancladas al rango meta, acumulan también 6 meses al alza y podrían ubicarse por primera vez desde octubre de 2023 por fuera del rango meta. Bajo este contexto, “anticipamos que las expectativas de inflación serán determinantes de las decisiones de política monetaria en los próximos meses”.
