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Sólo el 33% de las microempresas alcanza un nivel saludable, según el Índice de Salud Financiera

Por Economista Colombia 5 min de lectura
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Analizar la capacidad de los microempresarios para generar ingresos de forma regular, gestionar los gastos del día a día, afrontar imprevistos, acumular ahorro y activos, además de planificar su futuro, resulta fundamental para identificar si están preparados frente a shocks económicos y si tienen un mayor margen de maniobra frente a ellos, sin comprometa su bienestar. De esto se trata la salud financiera.

En el marco del Día Mundial de las Microempresas, que se conmemora este 27 de junio, Bancamía, entidad de la Fundación Microfinanzas BBVA, publica el Índice de Salud Financiera de los emprendedores que atiende, en donde el principal hallazgo del estudio establece que el 33% de los clientes con crédito encuestados ha logrado alcanzar un nivel saludable de solvencia, consolidando una base económica estable para sus familias y negocios.

En contraste, al evaluar el comportamiento general de la población analizada, el índice señala que el segmento en condición crítica de salud financiera se ubicó en el 19% (dificultades para gestionar su día a día), mientras que el porcentaje restante se distribuye entre un 21% en estado expuesto (gestionan su diario con algo de ahorros) y un 27% clasificado en condición de supervivencia (puede gestionar su día a día, pero no tiene activos). El informe identifica, además, una relación directa entre el grado de escolaridad y la gestión de los recursos, donde un mayor nivel educativo corresponde a una mejor organización para generar ingresos, excedentes y ahorros.

En la evaluación sobre la administración de las finanzas, el 57% de los hogares reportó tener más o las mismas dificultades para cubrir gastos, y el 24% dice tener ingresos inestables o muy inestables.

De manera simultánea, la preparación ante imprevistos muestra que el 55% de los microempresarios dispone de algún instrumento de ahorro, identificándose que una cuarta parte de los encuestados podría sostenerse utilizando exclusivamente sus ahorros. Asimismo, el 48% de los clientes analizados afirma que ha mantenido o incrementado su colchón financiero ante contingencias.

El análisis del índice también evidencia heterogeneidades clave al evaluar los factores territoriales y de género en el camino hacia la salud financiera. El perfil con mayor tasa de estabilidad corresponde al género masculino y a los emprendedores que operan en el entorno urbano, quienes registran las mayores probabilidades de alcanzar el estado saludable con tasas del 42% y 36%, respectivamente.

“Lograr que la salud financiera de las microempresas sea un paso clave para construir un bienestar real no se limita únicamente a un proceso de inclusión financiera o a la entrega de un crédito, sino al desarrollo de capacidades que generen estabilidad, resiliencia y autonomía económica en las comunidades. En ese propósito, la persistencia de barreras estructurales en los entornos rurales, brechas de género y los rezagos en educación digital en las poblaciones más vulnerables nos exigen continuar articulando esfuerzos colaborativos para conectar financiamiento productivo, protección, ahorro y formación en una sola propuesta de valor, en la que intervengamos diferentes actores”, manifiesta Viviana Araque Mendoza, presidenta ejecutiva de Bancamía.

¿Cómo fortalecer la salud financiera de los microempresarios?

Para mejorar la salud financiera de los microempresarios, Bancamía ha creado todo un modelo de soluciones financieras y no financieras que entiende sus realidades productivas, sociales y territoriales. Bajo esa visión, es importante reconocer que las necesidades de un comerciante urbano son diferentes a las de un caficultor, un porcicultor o una emprendedora rural. Mientras algunos requieren fortalecer la rotación de inventarios y la gestión diaria de caja, otros necesitan herramientas para afrontar ciclos productivos más largos, riesgos climáticos o variaciones en los ingresos.

Así, la entidad acompaña a los emprendedores desde los tres frentes que fortalecen la salud financiera:

1. La primera es la gestión del presente, donde el acceso a microcréditos productivos permite fortalecer los negocios, generar ingresos y atender las necesidades del día a día.

2. La segunda es la preparación ante imprevistos, mediante una oferta de ahorro accesible y un portafolio de microseguros comercializados por aseguradoras aliadas, que ofrece protección a los clientes frente a riesgos asociados con salud, vida, eventos climáticos y situaciones particulares que afectan su estabilidad financiera.

3. La tercera dimensión es la planeación del futuro. Aquí juega un papel fundamental el ecosistema de educación financiera “Creciendo Juntos”, que ofrece contenidos y acompañamiento adaptados a diferentes perfiles y niveles de desarrollo empresarial, a través de rutas especializadas. El objetivo fue pasar de la transmisión de conceptos a la generación de capacidades prácticas que ayuden a los microempresarios a tomar mejores decisiones, fortalecer sus negocios y construir resiliencia financiera.

Frente a este proceso de acompañamiento, la presidenta de la entidad comenta: “Nuestra estrategia parte de escuchar y conocer profundamente a los microempresarios. A través de nuestro modelo de Medición de Impacto Social, MIDE, entendemos quiénes son nuestros clientes y cuáles son sus principales desafíos. Hoy sabemos que el 57% son mujeres, el 39% desarrolla su actividad en zonas rurales, el 33% tiene educación primaria a lo sumo y el 72% se encuentra en condición de vulnerabilidad económica. Esta información es el punto de partida que nos permite diseñar soluciones reconociendo las diferentes realidades”.

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