Un colombiano que compró bitcoin cerca del máximo de 2025 puede estar viendo hoy casi la mitad de su saldo evaporado. La pregunta difícil ya no es solo si espera o vende: también es si tiene cómo probar ante la Dian cuánto pagó, si necesita ese dinero pronto y si entiende qué señales separarían una recuperación real de otro rebote pasajero.
La dimensión local no es menor: entre julio de 2024 y junio de 2025, Colombia movió US$44.200 millones en criptoactivos y quedó como quinto mercado regional. El contexto externo también explica el nerviosismo. Bitcoin se mueve alrededor de US$62.000, lejos del máximo histórico de US$126.272 alcanzado en octubre de 2025. En junio, los ETF al contado en Estados Unidos registraron salidas netas por US$4.500 millones, su peor mes desde el lanzamiento de esos productos, y el fondo IBIT de BlackRock concentró cerca de US$3.550 millones. A eso se sumó Strategy, la mayor tesorería corporativa en este activo: tras una venta inicial de 32 monedas, aceleró operaciones por 3.588 BTC para levantar unos US$216 millones.
El estudio financiero de Vurelo App plantea que la corrección no obedece a una sola causa. Hay tasas altas, menor demanda institucional, rotación de capital hacia inteligencia artificial y necesidad de liquidez de grandes jugadores. Camilo Suárez Venegas, CEO y cofundador de Vurelo, lo resume así: “A bitcoin no se le puede juzgar con la métrica de uno, dos o cinco meses”.
Dian, deuda y custodia
La primera clave es no mover dinero sin papeles. Desde el año gravable 2026, la Resolución 000240 obliga a proveedores de servicios de criptoactivos a reportar información a la Dian; el primer envío será hasta el último día hábil de mayo de 2027. Para el usuario, eso significa guardar comprobantes de compra, precio, fecha, historial de operaciones y movimientos entre billeteras.
La segunda clave es no vender por pánico sin revisar el efecto tributario. Si alguien liquida con pérdida, esa operación puede tener impacto en la declaración de renta, según la clasificación que defina con su contador. El problema aparece cuando no hay soportes: la autoridad podría reconstruir la operación con datos brutos y no con el costo real de adquisición.
La tercera clave es separar inversión de caja diaria. Un saldo negativo sí deteriora patrimonio y puede volverse urgente si la persona usó plata de arriendo, deudas, colegio o gastos de corto plazo. Suárez advierte: “El error fatal, sobre todo para el inversionista activo, es el apalancamiento”. En un mercado que puede caer 20% o 30% en poco tiempo, comprar con deuda deja sin margen de reacción.
Alertas del mercado
La cuarta clave es mirar señales, no promesas. Para el segundo semestre, Vurelo plantea un escenario prudente: piso alrededor de US$55.000 y techo cercano a US$85.000. Es menos optimista que algunos bancos internacionales, pero más útil para un lector que necesita escenarios, no adivinanzas. “Mi lectura es que el piso en 2026 se sostiene alrededor de los US$55.000 y el techo puede llegar a los US$85.000”, dice Suárez.
La primera señal positiva sería un cierre semanal por encima de US$65.000 con volumen sostenido. La segunda, entradas a ETF durante más de dos semanas. La tercera, un cambio de tono de la Reserva Federal: en junio mantuvo su tasa entre 3,50% y 3,75%, en un ambiente que sigue castigando activos de riesgo. En sentido contrario, si el precio pierde los US$55.000 con volumen alto, el siguiente soporte relevante estaría cerca de US$42.000.
La quinta clave es recordar que en Colombia también pesa el dólar. Con una TRM de $3.335,50 el 8 de julio, quien compra o vende cripto asume doble riesgo: precio internacional y tasa de cambio. Puede acertar en una variable y perder por la otra.
La recomendación final no es entrar ni salir corriendo. Quien paga puede preferir stablecoins; quien ahorra debe definir objetivo y plazo; quien invierte necesita diversificar y comprar gradualmente. “La regla de oro es invertir solo dinero que uno no necesita”, concluye Suárez. En este mercado, el mayor peligro no es la volatilidad: es decidir sin liquidez, sin registros y sin saber qué se está comprando.
