5 deudas que debería revisar antes de que el Banco de la República defina el futuro de las tasas de interés

Por Economista Colombia 6 min de lectura
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El desorden financiero no siempre empieza cuando una persona deja de pagar. Muchas veces arranca antes, cuando la tarjeta ya no baja, cuando una cuota se vuelve más pesada de lo normal o cuando cualquier gasto inesperado obliga a mover otra cuenta para no quedarse corto. En muchos hogares la alerta no es la mora, sino una sensación mucho más cotidiana: la plata rinde menos, la quincena dura menos y cada mes queda menos margen para respirar.

Ese apretón llega en un momento en el que conviene mirar las finanzas del hogar con más atención. La tasa de política monetaria del Banco de la República está en 10,25%, la próxima reunión de su junta para decidir sobre ese nivel será el 31 de marzo, el interés bancario corriente para consumo y ordinario vigente en marzo quedó en 17,01% efectivo anual, y la inflación anual a febrero fue de 5,29%. Eso, llevado a la vida real, significa algo muy simple: endeudarse sigue siendo caro y seguir aplazando decisiones puede salir más costoso de lo que parece.

Ese es justamente el punto que plantea un informe de Crowe Co. Más que mirar cuánto debe una persona en total, el análisis propone enfocarse en algo más útil para el día a día: identificar cuál es la cuenta que hoy más le está quitando aire al bolsillo. Porque muchas familias siguen cumpliendo, sí, pero lo hacen cada vez con más esfuerzo y con menos espacio para mercado, transporte, servicios, ahorro o imprevistos.

Tarjeta de crédito cuando pagar el mínimo ya se volvió costumbre: Esta suele ser la primera deuda que merece atención. Pagar solo el mínimo puede dar un alivio rápido, pero casi siempre alarga el problema. Mes tras mes, buena parte de ese pago se va en intereses y muy poco baja realmente el saldo. Por eso hay personas que sienten que cumplen, pero la deuda sigue casi donde mismo. La señal de alerta es clara: si la tarjeta ya se usa para mercado, transporte o gastos básicos, dejó de ser una ayuda puntual y empezó a comerse una parte fija de la quincena. Aquí la recomendación es revisar el extracto con calma, mirar cuánto bajó de verdad la deuda y frenar nuevas compras si el saldo no está cediendo.

Crédito de consumo o de libre inversión que se pidió para salir de un apuro: Este tipo de préstamo muchas veces se toma para ordenar otras cuentas, cubrir una urgencia o ganar algo de caja. El problema aparece cuando esa cuota, que parecía manejable, termina convertida en otra presión fija del mes. La pregunta práctica aquí no es solo si la cuota se paga, sino cuánto espacio deja después para vivir tranquilo. Si después de cubrirla el hogar queda muy apretado para mercado, servicios o transporte, esa obligación ya merece revisión. Lo importante es preguntarse si ese crédito ayudó a resolver el problema o simplemente lo aplazó.

Refinanciación pendiente o mal planteada: Refinanciar puede servir, pero no siempre significa un alivio real. A veces baja la cuota mensual, sí, pero alarga demasiado la deuda o hace que al final se pague mucho más. Por eso no conviene mirar solo el valor de la nueva cuota. También hay que revisar plazo, tasa, seguros, comisiones y costo total. Con la próxima decisión del Emisor tan cerca, algunas personas pueden creer que cualquier refinanciación ya conviene, pero no necesariamente. Una cosa es lo que pase con la tasa general y otra muy distinta la oferta que cada banco haga en concreto. La clave es no dejarse llevar solo por el aparente respiro del corto plazo. La próxima reunión del Emisor está programada para el 31 de marzo.

Compras a cuotas que parecen pequeñas, pero juntas ya se comieron parte del sueldo: Aquí está una de las fugas más comunes del presupuesto. Un celular, un electrodoméstico, una suscripción, ropa, algo para la casa o una compra “por esta vez” rara vez parecen graves por separado. El problema aparece cuando todas esas cuotas se suman. Ahí muchas familias descubren que no tienen una deuda grande, sino varias pequeñas que juntas ya les comprometieron una parte importante del ingreso antes de empezar el mes. La recomendación útil es hacer una sola cuenta con todas las compras financiadas que siguen activas. Verlas juntas ayuda a entender por qué el dinero se esfuma tan rápido.

Avances, cupos rotativos o sobregiros que se usan para tapar huecos: Esta suele ser una de las alertas más delicadas, porque a veces pasa desapercibida. Sacar un avance o usar un cupo rotativo para completar mercado, pagar servicios o llegar al final de mes puede parecer una salida rápida, pero cuando eso se repite ya no es un apuro aislado: es una señal de que la caja del hogar viene demasiado apretada. El riesgo aquí no es solo el costo de esa plata, sino lo que revela: que ya se está financiando gasto corriente con recursos caros. En un entorno en el que el crédito de consumo sigue costoso y la inflación todavía presiona el gasto diario, esa costumbre puede volver más frágil cualquier presupuesto familiar.

En el fondo, la alerta de marzo no está solo en lo que decida el Banco de la República al cierre del mes. También está en lo que cada hogar haga hoy con sus cuentas más pesadas. El mensaje del informe de Crowe Co es claro: no hay que esperar a caer en mora para reaccionar. Revisar a tiempo estas cinco deudas puede hacer más por el bolsillo que seguir confiando en que el alivio llegará solo. Porque cuando la plata deja de rendir, ordenar las finanzas deja de ser una tarea técnica y se convierte en una forma concreta de recuperar tranquilidad.

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