La inteligencia artificial está llegando a las empresas al mismo tiempo que cambia la composición de su fuerza laboral. Según Deloitte, los millennials y la generación Z representarán el 74% de los trabajadores a nivel mundial en 2030; en Colombia, las proyecciones indican que estas generaciones concentrarán cerca del 60% de la población económicamente activa para ese año.
Para Siesa, compañía caleña especializada en el desarrollo de software de gestión empresarial, la convergencia entre ambos fenómenos plantea una pregunta que las organizaciones tendrán que resolver durante los próximos años: ¿cómo construir herramientas para usuarios que esperan que la tecnología se adapte a su forma de trabajar, y no al contrario?
La respuesta, explica Juan David Meneses, CRO de Siesa durante su participación en el ERP Summit 2026 que se llevó a cabo el día de hoy, no depende exclusivamente de incorporar IA o nuevas funcionalidades a los productos de forma acelerada para responder a las expectativas de inversionistas y del mercado. También exige que las empresas desarrollen la capacidad de experimentar, aprender y apropiarse de esas herramientas.
“La adopción de estos cambios debe darse en dos frentes. El primero es qué tan rápido nosotros, como proveedores de soluciones empresariales, incorporamos los avances en inteligencia artificial, analítica y nuevas capacidades digitales de manera coherente en nuestros productos. El segundo es qué tanto las empresas entienden y aprovechan estas herramientas para maximizar su retorno de inversión. El reto no está solamente en tener la tecnología, sino en saber utilizarla de la manera correcta”, explicó Meneses.
Cuatro cambios que marcarán la forma de trabajar
El avance de la tecnología y el cambio en la composición de la fuerza laboral anticipan transformaciones que no estarán limitadas al área de tecnología. Siesa destaca que para las empresas colombianas, algunos de los cambios más relevantes serán:
La IA agéntica pasará de asistir tareas a ejecutar procesos: consultoras como Bain estiman que estas tecnologías pueden mejorar más del 30 % las tasas de cierre de ventas y liberar tiempo de los equipos para actividades de mayor valor. Esto anticipa una reorganización del trabajo, en la que las personas podrán concentrarse en decisiones y actividades que requieren mayor criterio.
Las interfaces serán cada vez más multimodales: frente a los cambios generacionales, recursos como la voz, una imagen y el uso de lenguaje basada en prompts ganarán terreno frente a formularios y comandos tradicionales. Ya no se tratará de seguir una lista de comandos técnicos, bastará decirle al sistema de cualquier servicio “necesito que me des…”.
Las habilidades tendrán ciclos de vigencia cada vez más cortos: la velocidad del cambio tecnológico llevará a las organizaciones a pasar de programas de capacitación puntuales a modelos permanentes de aprendizaje y adaptación, en los que actualizar capacidades se convierte en parte de la operación y no en una iniciativa ocasional.
Las estructuras empresariales serán más flexibles: las organizaciones pasarán de modelos basados en cargos y jerarquías fijas a esquemas capaces de reorganizar personas y capacidades según las necesidades del negocio. Esto transformará también la contratación, con modelos más flexibles para incorporar talento por proyectos, necesidades puntuales o periodos específicos.
El futuro seguirá cambiando cómo se crea valor
La evolución de la tecnología también muestra que las grandes transformaciones no ocurren únicamente porque aparece una herramienta nueva, sino porque cambia la manera en que las personas consumen un producto. La transición del VHS al streaming es un ejemplo claro de ello. No solo desapareció un formato físico, sino que cambió la experiencia, el acceso, la lógica y las expectativas de los consumidores con la que se ofrece el contenido.
“Hace más de 20 años, las familias tenían que atravesar una odisea para ver una película: comprar el reproductor de VHS, conseguir la cinta, ir hasta una tienda para alquilarla y después regresar a devolverla para evitar una multa. Para las generaciones de hoy, esa dinámica resulta casi inimaginable. Todo eso cambió, y refleja cómo no solo la tecnología evoluciona, sino también las expectativas de los consumidores y las dinámicas del mercado. Las empresas tenemos que entender esos cambios y preguntarnos qué significan para la forma en que ofrecemos y generamos valor”, explicó Meneses.
Algo similar comienza a ocurrir con el software empresarial, como los ERP. A medida que estas plataformas incorporan analítica, automatización e inteligencia artificial, el valor deja de estar concentrado únicamente en las funcionalidades que una persona debe aprender a operar y empieza a depender también de qué tan fácil resulta para los usuarios acceder a esas capacidades y convertirlas en resultados.
Para Siesa, esta evolución plantea un reto simultáneo para fabricantes y empresas usuarias: desarrollar soluciones cada vez más avanzadas y, al mismo tiempo, crear las condiciones para que las personas puedan incorporarlas de manera efectiva a su trabajo. En ese escenario, la ventaja no estará únicamente en quién adopte primero una nueva herramienta, sino en quién logre convertirla más rápidamente en valor para su organización.
