Las tasas de interés suben para contener la inflación, pero su efecto se extiende a toda la economía y termina encareciendo el acceso al crédito para hogares y empresas. En Colombia, la reciente decisión del Banco de la República de llevar la tasa a 11,25% desde 10,25%, en un contexto de inflación de 5,29% anual por encima de su meta, empezará a reflejarse progresivamente en las condiciones de financiamiento y en las decisiones de consumo e inversión.
Esta medida hace parte de la política monetaria con la que el Banco busca contener el aumento de los precios. Este comportamiento ha estado impulsado por factores como el incremento del salario mínimo del 23,7%, mayores presiones de demanda y, especialmente, el aumento del gasto público y las necesidades de financiamiento del Estado, que han elevado el costo del dinero y dificultado que los precios bajen.
“El aumento en las tasas de interés es una decisión que responde a la necesidad de preservar la estabilidad de la economía en un entorno de presiones inflacionarias. Aunque puede tener efectos sobre la dinámica del crédito en el corto y mediano plazo, es una medida necesaria para evitar desequilibrios mayores y generar condiciones más sostenibles en el tiempo”, señaló Clara Escobar, directora de la Asociación de Compañías de Financiamiento AFIC.
El aumento de las tasas, contrario a lo que suele decirse, no representa una ganancia para el sistema financiero. Si bien encarece el crédito para hogares y empresas, también incrementa el costo de fondeo de las entidades, reduce los márgenes de colocación y puede producir un deterioro de la cartera.
A esto se suma una menor demanda de crédito, mayores niveles de prudencia en su otorgamiento y un aumento en la carga financiera de los deudores, lo que se traduce en un deterioro de la cartera y en una menor dinámica de otorgamiento de nuevos créditos.
Aun así, se trata de una medida necesaria para corregir los desequilibrios en la economía, contener las presiones sobre los precios y avanzar hacia condiciones más estables en el mediano plazo.
Este entorno se da además en un momento en el que el crecimiento económico enfrenta ajustes en sus proyecciones. Para 2026, se estimaba un crecimiento del PIB de 2,6%, pero con el aumento en las tasas de interés las previsiones se han ajustado hacia niveles cercanos a 2,3%, reflejando un entorno de mayor cautela en las decisiones de consumo e inversión.
A esto se suma un contexto fiscal exigente. El costo de la deuda pública se ubica en niveles cercanos al 14% anual, reflejando una mayor presión sobre el financiamiento del Estado y contribuyendo a elevar el costo del dinero en la economía, lo que limita aún más las condiciones de acceso al crédito.
Avanzar hacia un manejo prudente de las finanzas públicas será clave para reducir presiones sobre la inflación y acompañar los esfuerzos de la política monetaria, de manera que se puedan alcanzar las metas económicas previstas para este año.
“El reto está en lograr un equilibrio entre el control de la inflación y el crecimiento económico. Para eso, es fundamental mantener coherencia entre las distintas políticas y avanzar en condiciones que permitan reducir el costo del dinero sin afectar la dinámica del crédito y la actividad productiva del país”, concluyó Escobar.
