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Colombia cayó ocho puestos en el Índice de Transición Energética, durante el actual gobierno

Por Economista Colombia 3 min de lectura
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Colombia ha bajado 8 puestos entre 2022 y 2026, durante el gobierno del presidente Gustavo Petro, en el Índice de Transición Energética pasando de la posición 35 a la 43 entre 120 países, señaló la presidenta de Acolgen, Natalia Gutiérrez.

Aunque mantiene fortalezas importantes gracias a una matriz predominantemente hidroeléctrica, el informe advierte de señales que el país no debería ignorar: menor estabilidad regulatoria, mayores desafíos en la ejecución y crecientes riesgos para la seguridad energética.

La principal fortaleza de Colombia sigue siendo tener una de las matrices eléctricas más limpias del mundo. Gracias al aporte de la hidroelectricidad y otras fuentes de baja emisión, el país se destaca por la participación de energía limpia en su generación.

Pero el reto ya no es demostrar potencial. El reto es garantizar que la transición energética avance al mismo tiempo que se preserva la confiabilidad del sistema (que tengamos energía 24/7). Esto es especialmente importante en un contexto de crecimiento récord de la demanda y retrasos en proyectos estratégicos.

El informe identifica además desafíos crecientes para Colombia en materia de estabilidad regulatoria y compromiso político. La confianza en las reglas de juego es fundamental para atraer las inversiones que requiere la expansión de generación, transmisión, almacenamiento y respaldo energético.

Esta preocupación no es exclusiva de Colombia. El Energy Transition Index muestra que solo el 24% de los países logró mejorar simultáneamente en seguridad energética, sostenibilidad y equidad. La transición energética se está volviendo más compleja en todo el mundo.

De hecho, por primera vez en más de una década, la preparación global para la transición energética retrocedió 0,8%. Los principales factores son la incertidumbre regulatoria, los desafíos de financiamiento, los rezagos en infraestructura y las dificultades para ejecutar proyectos.

La seguridad energética volvió a ocupar un lugar central en la agenda global. Fue la única dimensión del índice que empeoró, impulsada por una caída del 3% en la confiabilidad de los sistemas eléctricos. La transición no puede medirse únicamente por la instalación de nuevas tecnologías.

América Latina también enfrenta desafíos importantes. La región retrocedió 0,5% en su puntaje promedio y comparte un reto común: fortalecer la resiliencia de sus sistemas frente a una mayor variabilidad climática, una demanda creciente y la necesidad de acelerar inversiones.

El informe es contundente: la transición requiere mucho más que metas. Requiere infraestructura, redes de transmisión, almacenamiento, capacidad institucional, financiamiento y estabilidad regulatoria. Sin estos elementos, los proyectos se retrasan y los objetivos corren el riesgo de quedarse en el papel.

La principal conclusión para Colombia es que el desafío ya no es demostrar ambición, sino ejecutar. Convertir el potencial en proyectos construidos y conectados, fortalecer la seguridad energética y generar confianza para atraer las inversiones que el país necesita. Este será uno de los grandes retos del próximo Gobierno, que deberá trabajar de la mano de la industria, los gremios y las comunidades para acelerar la infraestructura que requiere una transición energética sostenible, confiable y competitiva.

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