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Colombia perdió 218.495 alumnos en un año y solo la mitad de los niños no comprende lo que lee: U. de San Buenaventura

Por Economista Colombia 5 min de lectura
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Según un análisis del programa de Educación Infantil de la Universidad de San Buenaventura, Bogotá, que recoge cifras de las últimas pruebas internacionales PISA, el DANE y el Saber 11, cerca del 48 % de los niños y niñas hoy no logran comprender un texto simple al finalizar la primaria y solo el 29 % de los estudiantes activos alcanza un nivel apenas básico en matemáticas.

Estas cifras contrastan con la celebración del Día del Profesor, una fecha que permite abrir una discusión de fondo y urgente para el sistema educativo del país: los colegios reciben estudiantes con nuevas formas de aprender, pero no siempre cuentan con docentes suficientemente acompañados, actualizados y respaldados para responder a esos cambios.

Esta alerta no busca responsabilizar al profesor por todos los problemas del salón. El punto es otro. Mientras los niños, niñas y adolescentes se transformaron, muchas prácticas pedagógicas siguen atadas a una escuela rígida, repetitiva, tradicional y pensada para realidades que ya no existen. Hoy los alumnos llegan con mayor exposición a pantallas, nuevas formas de atención, entornos familiares más diversos, brechas acumuladas y necesidades socioemocionales que antes se leían menos dentro de la vida escolar.

Este debate busca mover la conversación más allá de los lugares comunes. Cada año por esta fecha se habla de los docentes desde tres frentes previsibles: salario, paro u homenaje. Pero se discute menos si el sistema educativo está actualizando la manera como forma, acompaña y respalda a quienes deben orientar procesos de aprendizaje en las condiciones reales de 2026.

A ese panorama se suma el rezago en aprendizajes fundamentales. Hoy el dato que evidencia que menos del 50 % de los estudiantes colombianos alcanza al menos un nivel básico en lectura en las pruebas PISA refleja dificultades en comprensión, interpretación y uso del lenguaje para pensar y resolver problemas. A eso se suma un rezago en habilidades matemáticas, si se tiene en cuenta que menos del 30 % de los estudiantes de primaria alcanza un nivel apenas básico respondiendo operaciones de resta, suma, multiplicación y división.

“Los niños, niñas y adolescentes cambiaron a un ritmo acelerado y las formas de enseñar se han quedado rezagadas. Hoy el profesor no solo transmite contenidos, sino que media procesos de pensamiento, lenguaje y comprensión, creando experiencias significativas que permitan a los alumnos construir sentido. Esto implica leer sus contextos, reconocer sus ritmos de aprendizaje y generar entornos que favorezcan el desarrollo de la lectura, la escritura, la expresión y el pensamiento crítico, como capacidades esenciales para habitar el mundo de hoy: comprenderlo, transformarlo y participar en él con sensibilidad, criterio y conciencia”, afirma Catalina Carrero, directora del programa de Educación Infantil de la Universidad de San Buenaventura, sede Bogotá, y autora del análisis

Las cinco alertas que el sistema educativo no puede seguir ignorando

1. Formar educadores para los estudiantes de hoy, no para el salón de antes. En los primeros años, enseñar no puede reducirse a memorizar contenidos ni a imponer exigencias propias de cursos superiores. La tarea central es construir bases de expresión, lenguaje, curiosidad, autonomía, convivencia, movimiento y relación positiva con el aprendizaje. Por eso, el juego, la exploración, la conversación y el vínculo afectivo no son actividades secundarias: son caminos esenciales para aprender.

2. Reducir la rigidez y abrir espacio a experiencias más flexibles. El aula ya no puede depender solo de la repetición mecánica, la memorización o una misma ruta para todos. Se necesitan ambientes donde los niños puedan preguntar sin miedo, ensayar, equivocarse, crear y encontrar sentido a lo que aprenden. Esta alerta también implica reconocer la diversidad cultural, las distintas formas de aprender, los ritmos de cada historia y las maneras únicas en que cada niño y niña piensa y habita el mundo.

3. Acompañar al maestro después del diploma. La formación docente no puede terminar cuando el profesional se gradúa ni depender únicamente de esfuerzos individuales. Según TALIS 2024, Colombia reportó tres necesidades fuertes de formación profesional: enseñar a estudiantes con necesidades educativas especiales, usar inteligencia artificial en procesos pedagógicos y trabajar en entornos multiculturales o multilingües. Las nuevas presiones ya están dentro del salón y los profesores necesitan respaldo permanente.

4. Usar la tecnología con criterio pedagógico. El debate ya no es si los niños conviven o no con pantallas, porque esa realidad hace parte de su vida diaria. La pregunta es cuándo una herramienta digital potencia la curiosidad, la comunicación y la participación, y cuándo reemplaza el vínculo, el juego, la conversación y la experiencia directa. La tecnología puede ser aliada, pero no sustituto de la relación pedagógica.

5. Poner el bienestar socioemocional en el centro. El aprendizaje también depende de cómo llegan los niños al aula. “Ningún niño aprende plenamente si llega con miedo, ansiedad, dificultades para autorregularse o problemas de convivencia. La educación inicial necesita docentes capaces de leer esas señales y de construir entornos protectores que brinden seguridad, afecto y confianza”, agrega Carrero.

Esta alerta obliga a entender que enseñar también implica cuidar, observar y crear ambientes donde los niños y las niñas se sientan reconocidos, escuchados y sostenidos, para que puedan habitar el aprendizaje con tranquilidad.

Por eso, el verdadero reconocimiento de este 15 de mayo no debería quedarse en llamar héroes a los profesores. También debería abrir una discusión nacional sobre cómo respaldarlos para que no enfrenten solos las brechas del sistema. Si las formas de aprender ya cambiaron, la manera de preparar, actualizar y acompañar a quienes educan también tiene que cambiar.

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