(Bloomberg) — La inflación en Estados Unidos siguió acelerándose en abril ante el persistente aumento de los precios de la gasolina por la guerra de Irán y el alza de los precios de los alimentos.
El índice de precios al consumidor subió un 3,8% frente al año anterior, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales publicados el martes, lo que marcó el ritmo más rápido desde 2023. Frente al mes anterior, los precios aumentaron un 0,6%.
El IPC subyacente, que excluye alimentos y energía, subió un 0,4% frente al mes anterior y un 2,8% en comparación al año previo, impulsado en parte por una particularidad estadística en la medición de los alquileres del informe derivada del cierre del gobierno de 2025.
Las cifras muestran el impacto que ha tenido la guerra en la economía estadounidense por el aumento de los precios de la energía. El informe de la oficina de estadísticas reveló que los precios de la gasolina subieron más del 5% el mes pasado, tras un salto del 21% en marzo. Otras categorías, incluidos los alimentos y los pasajes aéreos, también registraron fuertes aumentos. Un repunte sostenido podría llevar a los consumidores a recortar el gasto.
Incluso si el actual alto al fuego se mantiene y el estrecho de Ormuz se reabre pronto, los economistas anticipan que es probable que los costos más altos persistan en los próximos meses mientras la producción de petróleo se normaliza y se recuperan los flujos de transporte.
El aumento de los precios de los fertilizantes debería traducirse en mayores costos de los alimentos, y el alza del petróleo también podría encarecer otros bienes y servicios a medida que las empresas intenten trasladar el alza de los costos del transporte a los consumidores.
Uno de los principales ejemplos en los datos del IPC de abril fueron los pasajes aéreos: subieron un 2,8% frente al mes anterior, ya que el aumento del costo del combustible para aviones llevó a las aerolíneas a aumentar los precios y las tarifas por equipaje y a recortar capacidad. En general, los costos de servicios excluidos energía y vivienda aumentaron un 0,5%, según datos recopilados por Bloomberg. Los precios de hoteles registraron un incremento del 2,8%, el mayor desde 2024.
La inflación subyacente recibió un impulso en abril por las mediciones de alquileres del índice, que se vieron distorsionadas por el cierre del gobierno del año pasado. Los costos de vivienda subieron un 0,6%, el mayor aumento en más de dos años.
Las mediciones de alquiler se basan en muestras rotativas de unidades de vivienda recopiladas cada seis meses, y la oficina de estadísticas las dejó prácticamente sin cambios en octubre porque no pudo recolectar datos durante el cierre. Cuando esas unidades volvieron a relevarse en abril, captaron un año de aumentos en lugar de seis meses, lo que hizo que la variación mensual de los alquileres pareciera aproximadamente el doble de lo normal.
Mientras tanto, los llamados precios de bienes subyacentes, que excluyen alimentos y energía, no registraron cambios gracias a una caída en los precios de los vehículos nuevos. Los economistas han estado atentos a señales de que los minoristas terminaron de trasladar los mayores costos derivados de los aranceles del presidente Donald Trump, incluso mientras persiste el riesgo de que el aumento de los precios del combustible vuelva a impulsar los precios de los bienes más adelante en el año. Algunas categorías más expuestas a los aranceles —incluidas la indumentaria y los juguetes— aumentaron a un ritmo más moderado que en marzo. Los precios de los autos usados se mantuvieron sin cambios.
