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Dólares digitales movieron US$3.500 millones en tres meses en Colombia

Por Economista Colombia • • 4 min de lectura
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Un trabajador cobra honorarios desde el exterior. Una pequeña empresa necesita pagarle a un proveedor de otro país. Ambos enfrentan la misma pregunta: ¿cuánto dinero llegará después de las comisiones y la conversión a pesos? A esa disputa, durante años protagonizada por bancos y operadores cambiarios, se suman plataformas que permiten mover activos ligados al dólar.

La magnitud de esa competencia comienza a verse en las cifras. Según el análisis de Vurelo, entre abril y junio de 2026 ingresaron US$3.500 millones en monedas estables a servicios de criptomonedas vinculados con Colombia. Son activos diseñados para mantener una equivalencia con divisas tradicionales, principalmente el dólar. El registro mide entradas a plataformas, no compras exclusivas de colombianos ni remesas recibidas por los hogares.

Durante los 91 días del trimestre, el monto equivale a un promedio de US$38,5 millones diarios. Si ese resultado se repitiera durante cuatro trimestres consecutivos, el volumen alcanzaría US$14.000 millones anuales. Es un cálculo ilustrativo para dimensionar la actividad, no una previsión de crecimiento ni una estimación de ingresos nuevos para el país.

La investigación de Vurelo sitúa, además, la actividad cripto total en US$29.100 millones durante los doce meses terminados en junio, 13,8 % más que en el periodo anterior. Colombia ocupa así el quinto lugar de América Latina, detrás de Brasil, Argentina, México y Venezuela. Son recursos transados, que pueden circular varias veces; no equivalen a nuevos depósitos ni a inversión neta.

“La banca conserva experiencia, infraestructura y relaciones de largo plazo con sus clientes, pero eso ya no basta para retenerlos. La verdadera disputa será por facilitar operaciones internacionales que antes eran engorrosas, sin perder claridad sobre los costos ni capacidad de respuesta cuando algo falla”, afirma Camilo Suárez, CEO de la fintech Vurelo.

La tendencia va más allá del mercado colombiano. México registró US$8.400 millones en entradas de monedas estables durante el mismo trimestre, 2,4 veces el volumen nacional. Según el informe, estos activos representaron el 32,1 % del valor cripto que cruzó fronteras en América Latina durante junio. Esa participación no corresponde al conjunto de transferencias bancarias ni al negocio cambiario tradicional.

Cada 1 % de diferencia representa US$10 por cada US$1.000 transferidos

Para un trabajador independiente o una pyme, la rapidez no basta. Importa cuánto se recibe al final. Una tasa aparentemente favorable puede dejar de serlo si aparecen cobros por convertir, enviar o retirar el dinero. Y no hay garantía de que una plataforma resulte siempre más barata que una entidad vigilada.

Una operación de US$1.000 permite entenderlo: cada punto porcentual de diferencia en el costo final equivale a US$10. Si se repite veinte veces, son US$200. Es un ejemplo matemático, no un ahorro comprobado. Para elegir conviene comparar la suma completa de cargos y la cantidad efectiva que llega al destinatario.

“Para una pyme, una pequeña diferencia en la conversión puede comerse parte del margen de una venta. Si realiza pagos frecuentes, ese costo termina afectando sus precios. Por eso importa revisar el recorrido completo de los recursos y no quedarse con la tarifa más llamativa”, explica Suárez.

El desafío de competir con la banca sin ofrecer las mismas garantías

El crecimiento trae preguntas que van más allá del precio. En Colombia, los criptoactivos no tienen condición legal de divisas ni cuentan automáticamente con las protecciones de una cuenta bancaria. Además, recibir pagos comerciales o cumplir obligaciones con el exterior exige revisar qué normas cambiarias y tributarias corresponden a cada caso.

“La innovación necesita reglas que los usuarios entiendan. Si hay condiciones claras y canales para resolver reclamos, más negocios podrán evaluar estas opciones con criterios financieros. Sin esa confianza, una alternativa atractiva puede quedarse en una prueba ocasional”, advierte Suárez.

Para bancos y casas de cambio, el reto no es una desaparición anunciada, sino justificar su valor ante clientes con más opciones. Las cifras revelan movimientos considerables, pero no dicen cuántos usuarios abandonaron los canales tradicionales ni cuánto ahorraron. Afirmar que el negocio cambiario está perdiendo terreno sería prematuro; descartar que ya enfrenta un competidor, también.

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