(Bloomberg).– Los bonos de Venezuela subieron con fuerza después de que Estados Unidos capturó al presidente Nicolás Maduro y señaló que buscará ejercer control sobre el país, lo que generó ganancias para fondos de cobertura y otros inversionistas que habían comprado la deuda a precios muy bajos.
Los títulos en default emitidos por Venezuela y su petrolera estatal PDVSA se dispararon a primera hora del lunes y los bonos soberanos con vencimiento en 2027 subieron 7 centavos por dólar —o 22%—, la mayor alza desde 2023. Eso los llevó a 40 centavos, el doble de su nivel de hace apenas seis meses, aunque aún por debajo de lo que los inversionistas consideran un posible valor de recuperación si el país avanza en una reestructuración de su deuda.
Los gestores de fondos han estado acumulando deuda venezolana en los últimos meses a medida que el presidente de EE.UU., Donald Trump, intensificaba la presión sobre Maduro, quien estaba en el poder desde 2013. La captura del mandatario este fin de semana —seguida por la afirmación de Trump de que EE.UU. “dirigirá” temporalmente Venezuela y reclamará sus vastas reservas petroleras— sorprendió tanto a operadores como a líderes mundiales.
Barclays Plc mejoró la calificación de los bonos venezolanos a marketweight, apenas 14 horas después de haberlos rebajado a underweight, al considerar que su visión inicial fue “superada por los acontecimientos” tras la intervención de EE.UU.
“La proyección del poder estadounidense es considerable, y el compromiso de ‘dirigir el país’, aunque sea solo en términos de política, está más allá de cualquier expectativa”, dijo Bradley Wickens, fundador del fondo macro de mercados emergentes Broad Reach Investment Management. “Las perspectivas de al menos 50% adicional de suba son altamente probables”.
El fondo Broad Reach Master, de US$1.500 millones, acumula una ganancia superior al 5% este año, tras haber subido un 12% en 2025. El salto se debe en gran medida a sus apuestas por Venezuela, que comenzaron a fines de 2024 ante la probable elección de Trump, dijo Wickens. La posición del fondo en bonos del país es considerable y sigue siendo “una operación de alta convicción”, agregó.
Las acciones de Ashmore Group Plc, una gestora especializada en mercados emergentes, subieron hasta un 14% ante la especulación de que se beneficiará del cambio de escenario.
El mercado también se vio impulsado por un cambio de tono de la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien pasó de exigir la liberación de Maduro y calificar su captura de “bárbara” a pedir el domingo una “agenda de cooperación” con EE.UU.
Si bien su última declaración podría indicar que está dispuesta a trabajar con Trump, también podría enfurecer a los sectores más duros de su gobierno, que durante años han visto a EE.UU. como una amenaza imperialista.
Ben Cleary, cuyo fondo de cobertura más que duplicó su capital el año pasado, dijo que ve la transición venezolana como una oportunidad de inversión. Afirmó que esta semana enviará un equipo de inversionistas a Caracas para reunirse con potenciales socios e inspeccionar activos.
Cleary, socio y director de Tribeca Investment Partners, con US$4.000 millones bajo gestión, dijo que estaría dispuesto a incorporar activos venezolanos por hasta un 10% del capital de su fondo si el programa de Trump tiene éxito y el país se vuelve atractivo para la inversión extranjera.
Cuánto tiempo podría tomar eso sigue siendo incierto. También existen importantes interrogantes sobre cuánta influencia podrá ejercer finalmente EE.UU. sobre el país o si las petroleras estarán dispuestas a invertir en una infraestructura petrolera deteriorada dada la incertidumbre política.
Además, cualquier pago a los inversionistas dependerá de que se reestructure una maraña de US$154.000 millones en bonos en default, préstamos y fallos judiciales adeudados a acreedores que van desde Wall Street hasta Rusia.
Si bien algunos fondos de cobertura, incluidos Canaima Capital Management, ven posible una reestructuración incluso este año, la mayoría de los inversionistas sostiene que será un proceso largo y complejo. Citigroup Inc., que reiteró su recomendación de largo plazo para los bonos venezolanos, dijo que una reestructuración sería “compleja” y comparable a la de Grecia en 2012.
“Una reestructuración exitosa requiere, en última instancia, un gobierno legítimo capaz de comprometerse de manera creíble con reformas, normalmente respaldadas por un programa de apoyo del FMI”, dijo Nicolas Jaquier, gestor de carteras de renta fija en Ninety One UK Limited. “Persisten obstáculos e incertidumbres muy significativas” y “no hay una legitimidad clara del liderazgo actual para llevar adelante negociaciones de reestructuración de deuda”.
Por ahora, sin embargo, hay optimismo en que un cambio de régimen pueda poner fin al aislamiento de Venezuela respecto de gran parte de la economía global, tras una década de colapso económico que desencadenó la peor crisis de refugiados en la historia del hemisferio occidental.
Venezuela entró en default a partir de 2017, dos años antes de que EE.UU. rompiera relaciones con el gobierno de Maduro e impusiera una prohibición que impedía a inversionistas estadounidenses comprar deuda del país. JPMorgan Chase & Co. reincorporó los bonos a sus índices de referencia tras la reversión de las sanciones al comercio secundario en 2023.
Desde entonces, apostar por estos bonos se ha convertido en una de las operaciones más rentables del mundo en desarrollo, con ganancias que se aceleraron el año pasado en un contexto de mayor apetito por el riesgo. La deuda soberana de alto riesgo de países que implementaron reformas o salieron del default, como Líbano y Ucrania, también registró retornos sobresalientes en 2025.
