Garantías digitales en los créditos: qué son, cómo funcionan y 5 claves que debe revisar antes de adoptarlas

Por Economista Colombia 5 min de lectura
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La próxima ola de eficiencia en el crédito no se jugará solo en la velocidad del desembolso. También empieza a definirse en un frente menos visible, pero cada vez más estratégico: la forma en que se emiten, se administra y se ejecutan los respaldos que cubren esas operaciones. En Colombia, donde el mercado de garantías ya es amplio y tiene trayectoria, el reto ya no es inventar nuevos mecanismos de cobertura, sino hacer más ágil un sistema que todavía arrastra fricciones operativas, tareas manuales y poca visibilidad en algunos momentos críticos del proceso.

Ese es el diagnóstico desde el que Anzi, Fintech especializada que desarrolla infraestructura para garantías crediticias, plantea que la digitalización de estos respaldos puede ayudar a ordenar la operación. Su CEO, Matías Marmissolle, sostiene que la discusión ya no debería centrarse en la novedad tecnológica, sino en la capacidad real de integrar, monitorear y ejecutar mejor estas figuras dentro del circuito del crédito.

Lo que define si este modelo sirve

Para que este esquema tenga valor real, no basta con que exista en blockchain ni con que se vea innovador en una presentación comercial. Lo relevante es que resuelva problemas concretos de operación. Antes de adoptarlo, bancos, fintechs, cooperativas y empresas deberían revisar, al menos, estas cinco claves:

Que se integre de verdad a la operación: La primera prueba no es tecnológica, sino práctica. Si la herramienta no conversa bien con los sistemas de originación, seguimiento, cobranza y atención de reclamos, la promesa de eficiencia se debilita. Una solución aislada puede añadir otra capa de complejidad; una bien integrada sí puede ordenar flujos y recortar pasos innecesarios.

Que la trazabilidad sirva para decidir: No basta con decir que la información queda registrada. La entidad debe poder ver con claridad cuándo se emitió el respaldo, qué cambios tuvo, quién intervino, en qué estado se encuentra y qué ocurre si se activa una reclamación. La trazabilidad solo genera valor cuando sirve para monitorear, auditar y tomar decisiones con información oportuna.

Que la ejecución funcione cuando aparece el riesgo: El momento más sensible no es la emisión, sino el incumplimiento. Por eso conviene revisar cómo se validan las condiciones, quién aprueba cada paso, qué tiempos maneja el proceso y cómo se materializa la respuesta. Si esa ruta no está resuelta, la digitalización puede lucir bien al comienzo, pero fallar justo cuando más se necesita.

Que reduzca la fricción operativa en la práctica: El modelo debe demostrar que sí baja llamadas, cruces manuales, correos dispersos, conciliaciones lentas y hojas de cálculo compartidas. Si después de implementarlo la carga administrativa sigue casi intacta, el cambio habrá sido más de formato que de fondo. La pregunta clave es simple: ¿ahorra tiempo y ordena la operación o solo cambia la envoltura?

Que deje claras las reglas y las responsabilidades: Antes de avanzar, la entidad debe tener delimitado quién responde por cada tramo del proceso, qué información circula entre las partes, cómo se soportan las condiciones del respaldo y bajo qué estructura jurídica y operativa funciona el esquema. Sin esa claridad, la eficiencia tecnológica puede terminar chocando con vacíos de responsabilidad.

Desde la visión de Marmissolle, el valor del modelo no está solo en digitalizar un respaldo, sino en construir una infraestructura capaz de gestionarlo, monitorearlo y ejecutarlo con menos fricción. Anzi plantea, además, que el desarrollo no termina en la emisión de un token que representa una garantía, sino en la posibilidad de recibir y administrar contragarantías basadas en activos tokenizados dentro de operaciones más complejas.

“Tokenizar la garantía es el primer paso. El segundo paso es construir infraestructura que pueda recibir y gestionar contragarantías: activos reales tokenizados que respaldan las operaciones de crédito”, explica Marmissolle. Leído en clave de negocio, eso significa que la utilidad del modelo no depende de la novedad del formato, sino de su capacidad para mitigar riesgo, integrarse a la operación y responder con orden cuando llega el momento de un reclamo.

Con esa lógica, la discusión para el mercado no es si blockchain suena atractivo, sino si realmente ayuda a que estos respaldos funcionen mejor en el día a día. En un entorno donde la eficiencia pesa cada vez más sobre la rentabilidad del crédito, una mejora en seguimiento, validación y ejecución puede convertirse en una ventaja concreta. La modernización, en ese sentido, no apunta a reemplazar un mercado existente, sino a volverlo más visible, más ágil y más escalable.

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