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La formación técnico-profesional mejora el acceso a un empleo mejor remunerado

Por Economista Colombia 8 min de lectura
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La educación y formación técnico-profesional en el marco de la digitalización permite tener mayor acceso a un empleo, mejorar los ingresos y reducir la desigualdad, de acuerdo con Daniela Trucco, Oficial de asuntos sociales de la División de Desarrollo Social de la Cepal y Matías Figueroa, director de Programas Europa Ayuda en Acción.

En diálogo con economistacolombia.com, los expertos hablaron del estudio “Educación y formación técnico-profesional en América Latina en el marco de la digitalización”, el cual se presentó la semana anterior y que muestra un panorama de la situación en diversos países.

En términos de región, Colombia tiene una oportunidad muy clara y puede ser una palanca de inclusión y empleo, especialmente para los jóvenes. Pero hay aspectos que deben cambiar como mejorar la articulación entre formación y mercado laboral; avanzar hacia modelos más flexibles, como microcredenciales o certificación de competencias; y fortalecer toda la conexión con el sector productivo. “Colombia tiene una oportunidad de usar la formación técnica profesional como puente real entre educación y empleo”.

En general, Colombia no tiene, a nivel de secundaria, una proporción de estudiantes importante, probablemente más pequeña que en los otros países que tienen información, aunque hay poca información estadística de la educación técnica profesional y se concentra, especialmente en áreas urbanas. Entonces, es una vía de inclusión importante para las nuevas generaciones que están alcanzando educación y mayores años de escolaridad.

Indicaron que la principal pregunta que se plantea en este estudio es el rol estratégico que cumple la educación técnico-profesional en la región, y en el mundo en general, como un paso más fluido hacia el mercado del trabajo, que fortalece transiciones de la juventud, pero que está desafiado hoy día por la creciente digitalización.

El trabajo lo que concluye es que efectivamente es una herramienta central y clave para estos procesos, pero que requiere esfuerzos importantes de adaptación y modernización en articulación con los sectores productivos, el Estado y los sectores formativos, para estar al tiempo con los cambios que son muy dinámicos, y que efectivamente hay algunas estrategias que se están desarrollando en la región que van en ese sentido, pero que todavía son bastante incipientes.

Explicaron que no se trata de enseñar herramientas, sino de formar personas capaces de adaptarse a un entorno tecnológico cambiante a una velocidad vertiginosa y eso implica, competencias digitales básicas y avanzadas, no solo en el uso de las herramientas, sino de la comprensión de cómo funcionan. Además, el tema de habilidades transversales, como pensamiento crítico, resolución de problemas, trabajo en equipo, que son las menos automatizables, de alguna manera.

Así mismo, una base ética, porque el uso de la IA también tiene implicancias de sesgos, privacidad y toma de decisiones. Entonces, “si solo enseñamos herramientas, llegamos tarde. Hay que formar capacidades que permitan adaptarse cuando esas herramientas cambien”.

Igualmente, señalaron que uno de los puntos claves es que se necesita formar en las competencias docentes y en la transformación de las maneras de enseñar, y de cómo el cuerpo docente acompaña el proceso de formación de los jóvenes que muchas veces parecen más hábiles en el manejo de las tecnologías, pero que en realidad estas habilidades de base son centrales para poder manejar e insertarse en un mundo crecientemente digitalizado con criterios de evaluación de la información, que es tan importante hoy día, y con criterios de pensamiento crítico, de comunicación, de trabajo en equipo, además de las competencias tecnológicas propiamente tales.

Hay un desafío y es la cantidad de docentes. “Creo que la inversión en educación es un tema clave, y por otro lado, quizás no hay tampoco suficientes docentes preparados para este cambio, y el sistema no se actualiza al mismo ritmo que la tecnología. Entonces la solución no es solo formar a docentes, sino cambiar el modelo, docentes con formación pedagógica, más actualización digital continua, incorporación de perfiles híbridos profesionales del sector productivo que también pueden enseñar, alianzas con empresas y centros tecnológicos, es decir, el rol de docente también cambia, deja de ser transmisor de contenido y pasa a ser un facilitador del aprendizaje. El reto no es solo formar docentes, sino transformar su rol de transmisores de contenidos a facilitadores del aprendizaje”.

En ese sentido una de las recomendaciones es la articulación entre el sector formativo y los sectores productivos del mercado laboral. Para tener esta información más dinámica de lo que se está necesitando y prospectiva de lo que vamos a estar necesitando en un mundo del trabajo que cambia tan rápidamente.

También uno de las desafíos más importantes que tienen los sistemas de formación y educación técnica en los países de la región es la gobernanza. Hay muchos países donde esa gobernanza no es clara y hay instituciones a la par formando lo mismo o en ciclos distintos, que no conectan en el sentido de pensar en la persona que tiene una trayectoria formativa y que tiene que poder seguir en su trayectoria formativa, reconociéndose los pasos intermedios. Por lo tanto, es importante que haya una gobernanza, una institucionalidad que siente en la mesa a los distintos actores y que establezca observatorios donde haya una información respecto a los cambios que van ocurriendo, que la gente se está formando en qué, qué pasa con esa gente que se forma en esa área, qué áreas necesitan técnicos de distintas áreas en distintas localidades. Pero eso tiene que ser adaptado a las necesidades de cada país y en base a los territorios.

Obviamente el rol del Estado es clave en definir esa estrategia clara de desarrollo, qué sectores quiere impulsar, adaptar los sistemas educativos, curriculums más flexibles, certificación de competencias o credenciales, invertir en infraestructura y formación docente. Es decir, sin una estrategia pública clara y coordinada y en coordinación entre actores, esta transformación es difícil que ocurra.

Y por la parte de los empresarios, debe ser un papel mucho más activo al que tradicionalmente han tenido. No basta con pedir perfiles o demandar talento. Es necesario incorporarlos en participar en el diseño de la formación, ofrecer espacios de aprendizaje como una formación dual, prácticas, invertir en la actualización de su propio personal. El sector privado no puede ser solo un demandante de talento, tiene que ser también corresponsable de su formación.

Otro de los grandes desafíos es cómo llegarle al sector rural porque en todos nuestros países, ya desde la secundaria, la mayor oferta se da en las zonas urbanas, justamente por la historia de que los chicos terminan la primaria en las zonas rurales y se van a trabajar al campo, o bien los pocos que seguían en su formación migraban a la ciudad.

Eso es un desafío en general en la educación secundaria, en que habría que extender la oferta en sectores rurales, pero hay menos población y, por lo tanto, se hace más costoso para los estados esa extensión. Entonces, habría que avanzar y aprovechar en este sentido también la tecnología en tipos de formación que aprovechen esta oportunidad en términos

de modelos más híbridos, para que uno pueda llegar a estos lugares que están más alejados. Eso es una oportunidad.

En el estudio, hay una experiencia de Argentina, de innovación tecnológica para todo el tema de agroindustria. Como esa es una parte fuerte en la economía en Argentina, se estableció un programa específico para formar a jóvenes en las áreas donde es más importante la agroindustria, con tecnología, para justamente modernizar el sector. Entonces, ese es el tipo de estrategias que hay que ir combinando.

Finalmente indicaron que una de las recomendaciones del estudio es aprovechar la cooperación multilateral y de los organismos internacionales que traen experiencias de otros lados que pueden servir y adaptarse a experiencias situadas en los países europeos. Y adaptar a las necesidades de cada territorio.

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