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Ante la senda de bajo crecimiento que enfrenta la región, la CEPAL llama a impulsar la formalización productiva

Por Economista Colombia 8 min de lectura
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La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) presentó hoy una nueva edición de su informe anual Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2026. Crecimiento y productividad en un contexto de alta informalidad: limitantes y desafíos para impulsar la formalización productiva en la región.

El informe indica que la economía regional crecería un 2,2% en 2026, después de expandirse un 2,4% en 2025, y registraría una recuperación parcial hasta el 2,5% en 2027. De confirmarse estas proyecciones, América Latina y el Caribe completaría cinco años con un crecimiento promedio cercano al 2,3%, una tasa insuficiente para elevar de manera sostenida el ingreso por habitante, cerrar las brechas de desarrollo y ampliar significativamente los espacios de política.

Además, señala que el deterioro del contexto internacional —marcado por un menor crecimiento mundial, mayores tensiones geopolíticas, volatilidad financiera y presiones en los mercados de energía— explica parte de la desaceleración prevista para 2026. Sin embargo, advierte que la principal limitación al crecimiento regional es de carácter estructural: bajos niveles de inversión, escaso crecimiento de la productividad, menor dinamismo en la generación de empleo formal y una elevada y persistente informalidad laboral.

“La región ha logrado preservar importantes avances en materia de estabilidad macroeconómica, pero esa estabilidad debe convertirse en una plataforma para crecer más y mejor. Para superar la trampa de baja capacidad para crecer necesitamos elevar la inversión y la productividad y, al mismo tiempo, avanzar hacia una formalización productiva que fortalezca las capacidades de las personas y de las empresas, amplíe la protección social y genere más empleos formales de calidad”, señaló el Secretario Ejecutivo de la CEPAL, José Manuel Salazar-Xirinachs.

Un crecimiento bajo en una nueva era geopolítica

Durante 2025, la región mostró resiliencia frente a un entorno internacional reconfigurado y de elevada incertidumbre. El PIB regional creció un 2,4%; la inflación continuó convergiendo hacia las metas de los bancos centrales, el empleo siguió expandiéndose, aunque con menor dinamismo, y los salarios reales mantuvieron su recuperación. Al mismo tiempo, el déficit de la cuenta corriente se mantuvo en un nivel moderado, equivalente al 1,2% del PIB regional, y las entradas netas de capital favorecieron la acumulación de reservas internacionales.

Para 2026, se espera una desaceleración de la economía global, con un crecimiento de 2,9%, la tasa más baja desde 2022. Las rivalidades geopolíticas y la disrupción del suministro energético han elevado los precios del petróleo, los fertilizantes y el transporte, mientras que la persistencia de tasas de interés internacionales relativamente altas y la apreciación del dólar podrían endurecer las condiciones de financiamiento para las economías emergentes.

A nivel regional, la CEPAL proyecta un crecimiento de América Latina y el Caribe de 2,2% en 2026, y de 2,5% en 2027, con una marcada heterogeneidad a nivel subregional. América del Sur crecería un 2,5% tanto en 2026 como en 2027. En América Central el crecimiento sería 1,6% en 2026 y de 2,8% en 2027. Este resultado se ve influenciado por las contracciones que se esperan para Cuba y Haití. Si se excluyen estas dos economías, el promedio subregional sería de 4,0% para 2026 y de 4,2% para 2027. El Caribe crecería un 5,6% en 2026 y un 7,9% en 2027, impulsado por un elevado crecimiento en Guyana; sin incluir ese país, el promedio subregional sería de 1,1% en 2026 y de 2,2% en 2027.

La inflación permanecería contenida, aunque su convergencia hacia las metas sería más lenta. El choque de precios reciente se ha concentrado principalmente en la energía y los fertilizantes, con una transmisión a los alimentos más limitada que en episodios anteriores. No obstante, los mayores costos energéticos podrían retrasar nuevas reducciones de las tasas de política monetaria. En este escenario, la CEPAL subraya la importancia de preservar la credibilidad monetaria y utilizar activamente las herramientas macroprudenciales para mitigar los riesgos financieros.

En el frente laboral, el número de ocupados aumentó en un 1,6% en 2025 —unos 4,3 millones de puestos de trabajo—, pero el ritmo de creación de empleo se desaceleró por tercer año consecutivo. La tasa de desocupación disminuyó al 5,3% y la informalidad laboral siguió reduciéndose, aunque todavía comprende cerca de la mitad de las personas ocupadas. Los indicadores de comienzos de 2026 confirman una expansión más moderada del empleo y muestran que la posibilidad de sostener las mejoras laborales dependerá cada vez más de aumentos en la inversión, la productividad y el crecimiento.

En materia fiscal, la estabilización de la deuda pública bruta en torno al 52% del PIB en América Latina no ha sido suficiente para reconstruir el espacio fiscal. El bajo crecimiento, el elevado costo del financiamiento y el aumento del pago de intereses limitan los recursos disponibles para elevar la inversión pública, la protección social y acelerar la transformación productiva. En el Caribe, la deuda pública bruta se situó cerca del 73% del PIB en 2025, lo que también refuerza las mismas limitantes para encaminar un desarrollo más productivo, inclusivo y sostenible.

La informalidad debilita la capacidad del crecimiento para elevar la productividad

La segunda parte del Estudio Económico 2026 examina la informalidad no solo como un problema laboral o de protección social, sino como una restricción estructural que limita la capacidad de las economías para transformar el crecimiento en aumentos sostenidos de productividad, inversión y empleo de calidad. La informalidad es, a la vez, una consecuencia del bajo crecimiento y uno de los mecanismos que perpetúan la trampa de baja capacidad para crecer.

La evidencia histórica muestra que los mayores avances en formalización se produjeron entre los años 2000 y 2013, que fue el periodo histórico más reciente de mayor crecimiento económico, altas tasas de inversión, aumentos de productividad y una expansión del empleo asalariado formal. Este proceso perdió dinamismo desde 2014, junto con la desaceleración de la inversión y el estancamiento de la productividad. Actualmente, cerca de la mitad de las personas ocupadas en la región continúa trabajando en actividades informales.

El análisis presentado en el informe muestra que el crecimiento eleva la productividad tanto en el sector formal como en el informal, pero sus efectos son más intensos, rápidos y persistentes en el primero. Las empresas formales tienen una mayor capacidad para aprovechar economías de escala, incorporar innovación, acceder al financiamiento y acumular capacidades productivas. Por ello, cuanto mayor es el peso de la informalidad, menor es la capacidad del crecimiento para generar mejoras permanentes de productividad.

Formalización productiva: una estrategia integral para crecer más y mejor

Frente a este diagnóstico, la CEPAL propone desarrollar estrategias para impulsar la formalización productiva en la región. El concepto alude a un proceso en el que el aumento de la formalidad se acompaña del fortalecimiento de las capacidades productivas de las personas y las empresas, de aumentos de productividad y de una transformación productiva capaz de sostener un crecimiento más dinámico e inclusivo. Este enfoque trasciende las reformas regulatorias o los incentivos administrativos aislados y requiere de coherencia y complementariedad entre las políticas laborales, fiscales, financieras y de desarrollo productivo.

El informe identifica cuatro ámbitos complementarios de acción:

  • Políticas laborales: profundizar los programas de creación de empleo, capacitación e inserción laboral; reducir las brechas de género; articular mejor las políticas laborales y sociales, y fortalecer la economía del cuidado y el uso de herramientas digitales para facilitar el acceso y la permanencia en la formalidad.

Políticas fiscales: avanzar hacia sistemas de financiamiento de la protección social que reduzcan los desincentivos a la formalidad; establecer trayectorias de formalización progresivas y flexibles, y aprovechar la digitalización y la interoperabilidad administrativa para simplificar el cumplimiento y fortalecer la fiscalización.

Políticas financieras: reforzar el papel de la banca de desarrollo como instrumento de inserción productiva; diseñar mecanismos que reconozcan la heterogeneidad del tejido empresarial, y ampliar los sistemas de garantías para reducir la segmentación del crédito.

Políticas de desarrollo productivo: fortalecer y escalar rutas integradas de apoyo empresarial, con énfasis en el extensionismo tecnológico; focalizar territorialmente las intervenciones; promover una gobernanza anticipativa y multiactor, así como la integración productiva y robustecer los sistemas de información, monitoreo, evaluación y aprendizaje.

La CEPAL concluye que reducir la informalidad es una condición necesaria para fortalecer la capacidad de crecimiento de la región y salir de la trampa de baja capacidad para crecer. La formalización productiva permitiría mejorar la calidad del empleo, ampliar la protección social y reducir desigualdades, así como aumentar la capacidad de las economías para convertir el crecimiento en avances sostenidos de productividad, ampliar el espacio de las políticas públicas y consolidar procesos de transformación productiva que sostengan tasas más altas de crecimiento a largo plazo.

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