(Luz Marina Gamarra Barrios, Periodista especializada en información económica).- Durante décadas, la aproximación del sistema financiero hacia los adultos mayores osciló entre la asistencia paternalista y el retiro silencioso. Se asumía que, al cruzar el umbral de la jubilación, las personas pasaban automáticamente de la etapa productiva a la pasividad económica. Sin embargo, la transición demográfica global y nacional está derribando a pasos agigantados este paradigma.
El envejecimiento no es un evento fortuito; es una macrotendencia estructural. Según la ONU, en los próximos 30 años la población mundial de personas mayores se duplicará, pasando de 761 millones a 1.600 millones. En Colombia, la proyección del DANE indica que para el año 2050 el segmento mayor de 65 años representará el 23% de la población total (un incremento de 9 puntos porcentuales). Lejos de ser un grupo homogéneo en declive, esta población está transformando los patrones de consumo, ahorro e inversión en la llamada Silver Economy o Economía Plateada.
Del phygital al diseño universal: lecciones del Congreso de Asomicrofinanzas
Frente a esta realidad, y como se analizó a fondo en el reciente Congreso de Asomicrofinanzas, el sector bancario y microfinanciero ha comprendido que atender la longevidad no es un asunto de filantropía, sino un eje estratégico de negocio y sostenibilidad.
Tal como se expuso en el encuentro gremial —que contó con referentes nacionales como el Banco Popular, pionero en finanzas plateadas—, el gran reto exige migrar hacia un enfoque phygital (híbrido entre lo físico y lo digital). La experiencia práctica demuestra que la digitalización acelerada no puede significar el abandono de la interacción presencial. Estrategias como los «asistentes de acompañamiento» o la mentoría personalizada en oficinas —enseñando el manejo digital sin suplantar la autonomía del usuario— han permitido reducir drásticamente las barreras de uso.
Asimismo, la aplicación del diseño universal en plataformas (tipografías legibles, interfaces intuitivas y procesos simplificados) demuestra que diseñar pensando en una persona de 80 años optimiza la experiencia para un usuario de 25. La inclusión financiera real no exige canales segregados, sino la adaptación integral de todo el ecosistema.
Alternativas de crédito, riesgo y coberturas
Uno de los saltos cualitativos más importantes discutidos en el congreso pasa por la reconfiguración del riesgo. La longevidad exige modelos de análisis scoring alternativos que evalúen fuentes de ingreso diversas (pensiones, arriendos, emprendimientos o remesas) y reconozcan que la siniestralidad en este segmento suele ser inferior a la de otras poblaciones.
Bajo esta óptica, iniciativas pioneras ya están ampliando el acceso a créditos de libre inversión y libranzas hasta los 80 o 90 años, eliminando barreras médicas excesivas y estructurando pólizas de salud y seguros de vida especializados —incluso con coberturas para enfermedades neurodegenerativas y bonos de longevidad por permanencia— que demuestran que las aseguradoras también están aprendiendo a leer a esta nueva generación.
Un ecosistema articulado para el dividendo de la longevidad
Las finanzas plateadas exigen trascender la frontera individual de cada entidad para consolidar alianzas de ecosistema entre banca, microfinancieras, gremios, aseguradoras y gobierno. Proyectos colaborativos en ciberseguridad y protección antifraude marcan la ruta de una agenda nacional indispensable.
El desafío para la economía colombiana es evidente. Entender a los adultos mayores desde sus capacidades, su diversidad de etapas vitales y sus aspiraciones —y no desde la vulnerabilidad cronológica— es la clave para desbloquear el verdadero potencial productivo de la economía plateada. Las instituciones que adapten sus productos, humanicen la tecnología y evalúen el riesgo con flexibilidad no solo cerrarán una brecha histórica, sino que garantizarán su propia relevancia en un país que envejece con rapidez.
