(Paula Andrea Velásquez Calle, coordinadora del Programa de Marketing y Branding de la Universidad Politécnico Grancolombiano Sede Medellín).- La fiebre del Mundial ya comenzó. Y no solamente por los partidos, las pollas o las posibles sorpresas deportivas. También empezó en las conversaciones familiares, en las redes sociales, en los centros comerciales, en la discusión sobre los convocados y hasta en las mesas del comedor donde padres e hijos vuelven a vivir uno de los rituales más tradicionales del fútbol: llenar el álbum del Mundial.
Porque hay algo especial que ocurre cada cuatro años. El fútbol deja de ser solamente un deporte y se convierte en una experiencia colectiva. Y ahí es donde el Mundial vuelve a demostrar que no se vive únicamente en la cancha.
En Colombia, además, la emoción tiene un ingrediente adicional: estamos dentro de las 48 selecciones. Eso cambia la conversación, la ilusión y hasta la manera de consumir el torneo. Porque para los colombianos el Mundial no es solo entretenimiento; es identidad, orgullo y esperanza colectiva.
La camiseta amarilla vuelve a aparecer en las calles, las familias empiezan a hablar de horarios, los grupos de amigos discuten convocatorias y los niños sueñan con encontrar la lámina de su jugador favorito. Incluso historias como la de Mane Díaz pegando con emoción la lámina de su hijo Luís Díaz terminaron convirtiéndose en contenido viral porque conectan con algo profundamente humano: el orgullo, el esfuerzo y la realización de un sueño.
Y quizá ahí aparece una de las grandes transformaciones del fútbol actual: hoy los jugadores ya no solo representan una selección; representan narrativas capaces de conectar emocionalmente con millones de personas.
Por eso figuras como Luis Díaz, Kylian Mbappé, Jude Bellingham o Lamine Yamal no solamente generan admiración deportiva. También generan conversación, identificación y comunidades digitales que siguen cada detalle de sus vidas. ¿Cuándo un jugador deja de ser solamente deportista y se convierte en una marca global?
La respuesta ya no está únicamente en los goles o en los títulos. Está en la capacidad de construir una identidad auténtica y reconocible. Hoy las audiencias no solo siguen talentos, siguen historias.
Las tendencias en comunicación demuestran que el rendimiento sigue siendo fundamental, pero la narrativa pesa cada vez más. Las personas quieren conocer qué hay detrás del uniforme: los sacrificios, las raíces, la disciplina, la personalidad y hasta la manera en que un jugador enfrenta la presión o la derrota.
En tiempos de redes sociales, la conexión emocional tiene tanto valor como el desempeño deportivo.
Y por eso las nuevas estrellas del fútbol también son mucho más mediáticas que las generaciones anteriores. Crecieron en un ecosistema digital donde cada publicación, entrevista o celebración puede convertirse en tendencia global en cuestión de minutos.
Hoy un futbolista construye marca desde TikTok, Instagram o X. Ya no depende exclusivamente de los medios tradicionales para posicionar su imagen. Las redes les permiten humanizarse, acercarse a sus seguidores y construir una narrativa propia.
Las audiencias actuales no solo quieren ver el gol; quieren ver el detrás de cámaras, la rutina, la familia, la reacción emocional y hasta el playlist previo al partido.
Y toda esa visibilidad termina traduciéndose en valor económico. Porque actualmente las marcas no buscan únicamente jugadores exitosos; buscan figuras capaces de generar conversación, influencia y conexión cultural.
Un ejemplo reciente es el de Lamine Yamal, una de las nuevas promesas más mediáticas del fútbol mundial. Su cambio de patrocinador deportivo no solo fue noticia por el aspecto comercial, sino por lo que representa en términos de marca personal y posicionamiento global.
Porque hoy el fútbol también se mueve desde el algoritmo. Un clip en TikTok, una celebración viral o una fotografía en Instagram pueden tener tanto impacto mediático como un gol decisivo. Yamal representa precisamente esa nueva generación de futbolistas hiperconectados que crecieron en un ecosistema digital donde el rendimiento deportivo convive con la narrativa, la influencia y la capacidad de mantenerse en conversación permanente con millones de seguidores.
Un futbolista con comunidad, autenticidad y alcance digital se convierte en un activo estratégico para patrocinadores y empresas. Por eso una celebración viral, una entrevista emotiva o incluso una lámina especial del álbum puede convertirse en un fenómeno comercial. De hecho, algunas estampas especiales de figuras como Luis Díaz ya alcanzan valores muy altos entre coleccionistas y fanáticos.
Porque el Mundial amplifica todo: las emociones, las historias, las conversaciones y las figuras emergentes. Más aún en una edición como la de 2026, que tendrá 48 selecciones, 104 partidos y una audiencia hiperconectada siguiendo cada momento en tiempo real.
